Sin encajar

Pues nada. Que, a la hora de apuntar a Don Bimbas a algún tipo de iniciación al esquí, tuvimos que mentir sobre la edad…

– La edad mínima son cuatro años. ¿Tiene cuatro años?
– Este… no. Pero ya ha esquiado.
– Pero no se puede.
– ¿No hacéis ninguna excepción con un niño de tres años avanzado?
– ¿Pero qué tres años tiene? ¿Porque no es lo mismo que los acabe de cumplir que que tenga tres años y medio…
– Ah, pues… ¿en qué mes estamos? – yo ahí haciendo tiempo para calcular tres años y medio. Y casi antes de que me dijera “marzo”, para que no se notara que lo he calculado justo, le digo – a ver, él es de septiembre.
– Ah, bueno, pues eso hacen tres años y medio, y si me dices que ya se ha puesto los esquíes…
– Sí, sí, sin problema – ahí sí que no mentía.

Pues bien, gracias a la caca que he dado, logra acceder al jardín de nieve el martes, donde admiten niños de 4 a 8 años, y hoy jueves ya me dicen que mejor contratemos un profesor particular, porque ahí ya no va a aprender más.

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Mi esquiadorazo.

El zombi payaso

Uno tomándose la lucha con sable láser superenserio…

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… y el otro haciendo el payaso.

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Poniendo caretos mirando a cámara.

La forma de encarar las luchas del pequeño son la bomba. Y a veces le sale de miedo…

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Teníais que verle en directo morir tras un disparo y volver a levantarse como un zombi.

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Y volver a morir y volver a levantarse.

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Ahí con los brazos estirados, la lengüica fuera y dicendo: “Eeeeeeeeeh”, en plan miedo.

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Cómo un zombi me puede despertar esta ternura.

Y al otro, imaginación, no le falta tampoco…

Me trae Papá Noel un colgante. El Cachorro que lo ve: “Oh, qué brillante. Todos los piratas vendrán hacia ti”.

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A mí que esta manera del ver el mundo me encanta… Me pregunto en qué momento perdí yo esa capacidad para inventar, asombrarme, vivir en plena fantasía.