La sensación

No lo pueden evitar.

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Donde hay animales, mis hijos se convierten en protagonistas.

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Ir a buscar cangrejos es la actividad que más les puede gustar. Y pillan, vaya si pillan. Entonces vienen a la playa con sus capturas y los demás se acercan a verlas.

Y todo va bien hasta que a uno de sus rehenes le da por darse un garbeo…

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¿Nadie les ha enseñado a estos patudos a estarse quietos?

Feliz, feliz en tu día

Hoy cumple años una vecinita, a la sazón, la “novia” de Don Bimbas. Por tanto, tenemos que estar a la altura y agasajarla como merece. Y esto es, trayendo animales en su honor.

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Y, POR SUPUESTO, Don Bimbas tiene que ser el encargado de llevar uno de ellos.

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Ayudado por su señor hermano, quien, a la postre, es el cuñado de la cumpleañera.

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Están encantados con mostrar sus animales, así que no sé muy bien para quién es el regalo, si para la cría, o para mis hijos… 😉

Niños autónomos

Estamos en el bar de debajo de casa y el Señor de las Bestias coge y le da las llaves a El Cachorro y le pide que vaya a casa y que coja una cabritilla, y que la baje adonde estamos.

– Eeeeh, ¿en serio le has dado las llaves de casa a un niño de seis años para que lo acompañe su hermano de tres A COGER SOLOS UNA CABRITILLA Y BAJARLA, SACARLA A LA CALLE Y TRAERLA AQUÍ?
– Sí.

Bien pues.

O sea, tenían que subir, saber abrir tres puertas (portal de fuera, portal de dentro y casa), saber abrir el transportín, saber dominar a una cabra (pequeña), saber ponerle la correa, saber llevarla por el pasillo y por la calle, sin que les diera un tirón y acabara en la carretera… y aparecer los tres sanos y salvos en el bar.

– Igual me he pasado, ¿no? – me reconoce.

Pero El Cachorro solo nos ha llamado del fijo un par de veces, creo que porque no podía sacar la llave de la cerradura de casa. No me he querido enterar mucho cuando a la vez estaba diciendo algo de que la cabra había ensuciado no sé qué y ya me estaba poniendo yo del higadillo.

Y luego han aparecido los tres…

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Ahí los tienes. Jíbalos.

En fin, nada, que hoy con cabra en casa.

No está tomando su biberón. Pero la dejo en la cocina un segundo ¡y mirad la que me ha liado!

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Ha cogido una foto que tengo en el frigo y…

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La ha tuneado a mordiscos.

También le ha dado por masticar mi vestido y en cero coma le ha hecho un agujero. Una más y abro el horno. Ella verá.

Una cachorra de cuatro meses

Los críos se las han visto con esta cachorra de cuatro meses.

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Jo, la verdad es que me molaría todo que tuvieran un perro.

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Maldita sea, ¿por qué necesitarán tantos cuidados?

He tenido perro. Sé lo que supone. Y no seré tan irresponsable. Hoy por hoy no me lo puedo permitir. Una vida demasiado liada como para rascar tiempo para pasear a un perro. ¡Imposible! Y tampoco me gusta la idea de dejarlo todos los días un porrón de horas solo en casa.

Pero en un futuro… La pena es que mis niños ya no serán niños. Jo.

San Antón se reproduce

Un año más, San Antón. El año pasado llevamos a dar las vueltas a una oveja… preñada. Este año, a ella y a su retoño, Oscar.

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Somos como muy de tradiciones.

Por supuesto, los metemos en la iglesia.

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Y por supuestísimo, aquí el padre de las criaturas, es entrevistado para “Madrid Directo”.

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Porque pasar desapercibidos, no va con nosotros.

Mientras, yo compro, como cada año, los panecillos de San Antón. Los guardo con dinero para que nunca me falte… Un ritual que, desde que hice el reportaje para “Instinto Animal” de Telemadrid en 2010, siempre hago. Desde entonces, no me pierdo un San Antón ni sus panecillos jamás.

Qué perra con la gata

Tanto ofrecerles bichos al lado del morro para que les den besos, que ahora se encuentran cualquier gato callejero y le besuquean el hocico sin parar. Y como si es una rata de alcantarilla.

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Según ha podido observar el Señor de las Bestias, el gato tenía que ser gata. Parecía embarazada. Yo lo que he pensado es que, de instinto, este animal iba flojo.

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No sé qué le hacía pensar que estaba a salvo en manos de estos dos mastuerzos besucones. Porque los besos no fastidian, pero intentar agarrarlo a toda costa por el cuello, por la tripa, por donde sea, eso ya es otro cantar.

Pero la gata, ahí estaba, aguantando el manoseo y el mareo estoicamente.

Hay embarazadas que se vuelven locuelas.

El adoptado

Que falto en casa y me encuentro con que han encontrado con quién rellenar mi hueco.

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Sí. Un perro.

Estoy de viaje y me envían esa foto. Y luego esta:

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Supongo que para torturarme. Porque me deben conocer lo suficiente como para saber que yo sufro pensando en que hay unas patas no lavadas de animal que ha pisado todo lo pisable de calle, asfalto y jardines con cacas, entre las sábanas de mis hijos.

Cómo se aprovechan de mi ausencia…

Alergia volatilizada

¿Recordáis, fieles lectores, que El Cachorro desarrolló alergia a los gatos? Hace ya un tiempecito de esto, ¿eh? (De hecho en marzo de hace dos años)

Pues miradlo.

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Está encantado con este. No lo deja ni a sol ni a sombra, ni él a él. ¿Qué ha sido de esa reacción que le dio uno que le dejó unos colores en la cara que parecía que lo habían inflado a bofetadas? ¿Qué ha pasado con esas pruebas de alergia que le hicimos que confirmaban que los gatos eran animales non gratos para él? ¿Qué especie de milagro se ha obrado?

Mi no entender nada.

Quiero un perro

Yo siempre cuento que antes dije perro que papá. Menuda obsesión la mía. Me encantaban (y encantan). Me costó conseguirlo 17 años. Y bajo una promesa que rompí como a la semana de tenerlo. Mi perro se llamaba Nicotina porque me lo compraron por dejar de fumar.

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Mirad qué preciosidad, mi samoyedo, vestido de San Fermín (era fácil… ;-))

Total, que me preguntaba cuándo me lo pedirían los niños. Obviamente, aunque adore a los perros, no va a entrar uno en casa NI POR ASOMO. Por lo menos en unos años, que bastante tengo encima. Sé qué implica tener un perro. Y para que esté el pobre bicho todo el santo día solo en casa, mejor no lo tengo. Porque cuando a mí me lo compraron, aunque estudiara, mi madre trabajaba como ama de casa y Nico estaba la mayor parte del día acompañado. Ah, y lo sacaba yo (casi) siempre; ese fue el trato.

Yo ahora no tengo tiempo ni de estar con él ni de sacarlo. Me cuesta mucho reservar tiempo para estar con mis niños, que son mi prioridad, con que para un perro…

Bueno, el caso es que hoy ha llegado la pregunta. Oigo a El Cachorro: “¿Podemos comprar un perro?” Yo ya le iba a soltar la perorata de que, aparte de que es mejor adoptar que comprar, ahora mismo ni de coña, porque da mucho trabajo, iba a estar solito en casa, él es demasiado pequeño para cuidarlo… cuando escucho al padre preguntarle que para qué lo quiere, y dice: “Para que cogiera esta pelota”.

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Ha encontrado una pelota de tenis y resulta que el complemento que le falta para sacarle partido ¡es un perro! JAAAJAJAJAJAAJAJA.

Hoy han venido a divertirse…

Os suena esa frase que en cada programa de “El Hormiguero” suelta Pablo Motos, ¿no? Esa que dice: “Hoy ha venido a divertirse a “El Hormiguero”… ¡¡no sé quién!!”

Pues en mi casa pasa lo mismo cuando el Señor de las Bestias aparece con un bicho. Solo que con algunas modificaciones.

“Hoy han venido a temblar a nuestra casa… ¡cinco pollitos!”

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Que ya me veo a los animales en la finca:

– Osti, tú, os han metido en una caja de cartón.
– Ay, no, ¡miedo! ¡Miedooo!
– Os van a llevar con esas dos fieras.
– Uff, verás.
– ¡Somos demasiado jóvenes!
– Madre mía, sed valientes, vosotros podéis.
– ¡Valor, amigos míos!
– Nnnnooooooooooo – y el grito se apaga mientras se pierde el coche que lleva la caja hacia mi casa…

Y al llegar a casa, zas, las dos fieras les arrean un beso tras otro. Venga espachurre, venga el beso. Y así. Con lo que cuando los bichos vuelven…:

– ¡Estáis aquí de nuevo! ¡Bieeeeeen!
– Calla, no sé si superaré esto alguna vez.
– Jamás volveremos a ser los mismos.
– Voy a tener pesadillas de aquí a que me muera.
– ¿Ha sido igual de terrible que siempre?
– O peor. Es tal y como lo contabais. ¡¡Nos han babeado enteros dándonos besos sin parar!!
– ¡Miedo! ¡Miedooo!
– Lo superaréis. Hay terapia, ¿sabéis?

Y colorín, colorado, me voy a comer una buena palmera de chocolate, que se me da mejor masticar que escribir, sobre todo si se trata de escenas sin ton ni son.

P.D. Si algún lector se ha visto ofendido por leer este despropósito, se suplica compasión por la autora, que seguramente no haya podido dormir hoy tampoco y ya no rige, pero la entrega del post la tiene que hacer sí o sí. Gracias.