¿Dónde está Victoria?

Puse un aviso en Twitter:

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Parece que, menos a cuatro lechuguinos (creo que los llaman haters en Twitter), a la gente este asunto le ha conmovido.

Yo, no es que crea que alguien la vaya a encontrar, pero, yo qué sé, por si de repente ven a una paloma con excesivas confianzas, que sepan por qué puede ser…

El caso es que ya han pasado tres días y ni rastro. (Y os adelanto que, un año después, la tía – o el tío, no sabemos – se fue para siempre).

Don Bimbas y El Cachorro, de vez en cuando, me vienen con: “Echo de menos a pollo”… Jo, y yo.

Hoy un amigo de nuestro grupo de vecinos amigos me viene con estas:

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(No sé si os estáis fijando en que, la foto de perfil del grupo, es Victoria encima del respaldo de mi silla).

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Imposible ir a por ella en este momento. Además, me habla de “esta mañana” y son las dos de la tarde. Creo en los milagros, pero no tan milagrosos.

Nunca sabré si se trataba de Victoria.

Pero yo me sorprendo muchas veces observando a las palomas del barrio. Y, cuando salgo a la terraza a tomar una copa de vino, la llamo a silbidos, por si está cerca y los reconoce…

El Príncipe destronado

En mi línea, me levanto tardísimo y mis hijos sin desayunar. Los fines de semana soy una #malamadre como la copa de un pino. Ellos ya saben que se me pegan las sábanas y les voy a mandar a freír espárragos si vienen a despertarme. Oye, además no son mancos. Saben dónde están las cosas. Igual freír espárragos no pueden, pero sí coger galletas o cereales, y servirse la leche. No sé por qué me tienen que dar a mí la tabarra.

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Total que, cuando al fin me levanto, viene a por mí, por decimotercera vez en la mañana, Don Bimbas: “Tengo hambre”. Pero yo me pongo a darle la papilla al pichón que me he visto obligada a adoptar. Y Don Bimbas: “Tengo hambre”.

– Espera.
– ¡Tengo hambreeeeeee!
– ¡Cariño, espera, primero le tengo que dar de comer al pollo!

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Y salta el canijo, todo rebotado.

– ¡¡No quiero tené mascotas!!

Ah, mi príncipe destronado…

Mi papá tiene un “kigre”

La profesora de Don Bimbas de este año es nueva en el cole. Cuando hoy voy a dejarlo, me dice:

– Ay, que tu hijo me dijo ayer que su papá tenía un tigre en su finca, que digo yo, ¿quién es, Jesulín?, ¡ja, ja!
– Pues sí, pues sí. No tiene uno, tiene varios.

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– ¿Qué? ¿¿De verdad?? ¡Yo pensaba que se lo estaba inventando! Creía que se refería a un gato grande. Y eso que me decía que el tigre había mordido a su mamá.

Es lo que tienen los tigres, que muerden.

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Yo lo que creo es que no le ha dicho que su papá tiene un tigre, sino que tiene un “kigre”.

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Esta de aquí es Shilka. Tiene tres meses y es muy juguetona. Pero no sabe medir su fuerza y ya hay que andarse con ojo. Porque es un animal que son dos, es tigre y araña. Y pega unos bocados bastante interesantes.

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Pero es una cachorra que no dan ganas más que de achucharla. Así que conviene cansarla antes para poder disfrutar de ella en toda su plenitud.

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Para que acabe descansando como debe…

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… en buena compañía.

La sensación

No lo pueden evitar.

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Donde hay animales, mis hijos se convierten en protagonistas.

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Ir a buscar cangrejos es la actividad que más les puede gustar. Y pillan, vaya si pillan. Entonces vienen a la playa con sus capturas y los demás se acercan a verlas.

Y todo va bien hasta que a uno de sus rehenes le da por darse un garbeo…

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¿Nadie les ha enseñado a estos patudos a estarse quietos?

Feliz, feliz en tu día

Hoy cumple años una vecinita, a la sazón, la “novia” de Don Bimbas. Por tanto, tenemos que estar a la altura y agasajarla como merece. Y esto es, trayendo animales en su honor.

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Y, POR SUPUESTO, Don Bimbas tiene que ser el encargado de llevar uno de ellos.

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Ayudado por su señor hermano, quien, a la postre, es el cuñado de la cumpleañera.

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Están encantados con mostrar sus animales, así que no sé muy bien para quién es el regalo, si para la cría, o para mis hijos… 😉

Niños autónomos

Estamos en el bar de debajo de casa y el Señor de las Bestias coge y le da las llaves a El Cachorro y le pide que vaya a casa y que coja una cabritilla, y que la baje adonde estamos.

– Eeeeh, ¿en serio le has dado las llaves de casa a un niño de seis años para que lo acompañe su hermano de tres A COGER SOLOS UNA CABRITILLA Y BAJARLA, SACARLA A LA CALLE Y TRAERLA AQUÍ?
– Sí.

Bien pues.

O sea, tenían que subir, saber abrir tres puertas (portal de fuera, portal de dentro y casa), saber abrir el transportín, saber dominar a una cabra (pequeña), saber ponerle la correa, saber llevarla por el pasillo y por la calle, sin que les diera un tirón y acabara en la carretera… y aparecer los tres sanos y salvos en el bar.

– Igual me he pasado, ¿no? – me reconoce.

Pero El Cachorro solo nos ha llamado del fijo un par de veces, creo que porque no podía sacar la llave de la cerradura de casa. No me he querido enterar mucho cuando a la vez estaba diciendo algo de que la cabra había ensuciado no sé qué y ya me estaba poniendo yo del higadillo.

Y luego han aparecido los tres…

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Ahí los tienes. Jíbalos.

En fin, nada, que hoy con cabra en casa.

No está tomando su biberón. Pero la dejo en la cocina un segundo ¡y mirad la que me ha liado!

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Ha cogido una foto que tengo en el frigo y…

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La ha tuneado a mordiscos.

También le ha dado por masticar mi vestido y en cero coma le ha hecho un agujero. Una más y abro el horno. Ella verá.

Una cachorra de cuatro meses

Los críos se las han visto con esta cachorra de cuatro meses.

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Jo, la verdad es que me molaría todo que tuvieran un perro.

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Maldita sea, ¿por qué necesitarán tantos cuidados?

He tenido perro. Sé lo que supone. Y no seré tan irresponsable. Hoy por hoy no me lo puedo permitir. Una vida demasiado liada como para rascar tiempo para pasear a un perro. ¡Imposible! Y tampoco me gusta la idea de dejarlo todos los días un porrón de horas solo en casa.

Pero en un futuro… La pena es que mis niños ya no serán niños. Jo.

San Antón se reproduce

Un año más, San Antón. El año pasado llevamos a dar las vueltas a una oveja… preñada. Este año, a ella y a su retoño, Oscar.

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Somos como muy de tradiciones.

Por supuesto, los metemos en la iglesia.

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Y por supuestísimo, aquí el padre de las criaturas, es entrevistado para “Madrid Directo”.

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Porque pasar desapercibidos, no va con nosotros.

Mientras, yo compro, como cada año, los panecillos de San Antón. Los guardo con dinero para que nunca me falte… Un ritual que, desde que hice el reportaje para “Instinto Animal” de Telemadrid en 2010, siempre hago. Desde entonces, no me pierdo un San Antón ni sus panecillos jamás.

Qué perra con la gata

Tanto ofrecerles bichos al lado del morro para que les den besos, que ahora se encuentran cualquier gato callejero y le besuquean el hocico sin parar. Y como si es una rata de alcantarilla.

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Según ha podido observar el Señor de las Bestias, el gato tenía que ser gata. Parecía embarazada. Yo lo que he pensado es que, de instinto, este animal iba flojo.

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No sé qué le hacía pensar que estaba a salvo en manos de estos dos mastuerzos besucones. Porque los besos no fastidian, pero intentar agarrarlo a toda costa por el cuello, por la tripa, por donde sea, eso ya es otro cantar.

Pero la gata, ahí estaba, aguantando el manoseo y el mareo estoicamente.

Hay embarazadas que se vuelven locuelas.

El adoptado

Que falto en casa y me encuentro con que han encontrado con quién rellenar mi hueco.

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Sí. Un perro.

Estoy de viaje y me envían esa foto. Y luego esta:

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Supongo que para torturarme. Porque me deben conocer lo suficiente como para saber que yo sufro pensando en que hay unas patas no lavadas de animal que ha pisado todo lo pisable de calle, asfalto y jardines con cacas, entre las sábanas de mis hijos.

Cómo se aprovechan de mi ausencia…