Qué perra con la gata

Tanto ofrecerles bichos al lado del morro para que les den besos, que ahora se encuentran cualquier gato callejero y le besuquean el hocico sin parar. Y como si es una rata de alcantarilla.

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Según ha podido observar el Señor de las Bestias, el gato tenía que ser gata. Parecía embarazada. Yo lo que he pensado es que, de instinto, este animal iba flojo.

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No sé qué le hacía pensar que estaba a salvo en manos de estos dos mastuerzos besucones. Porque los besos no fastidian, pero intentar agarrarlo a toda costa por el cuello, por la tripa, por donde sea, eso ya es otro cantar.

Pero la gata, ahí estaba, aguantando el manoseo y el mareo estoicamente.

Hay embarazadas que se vuelven locuelas.

El adoptado

Que falto en casa y me encuentro con que han encontrado con quién rellenar mi hueco.

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Sí. Un perro.

Estoy de viaje y me envían esa foto. Y luego esta:

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Supongo que para torturarme. Porque me deben conocer lo suficiente como para saber que yo sufro pensando en que hay unas patas no lavadas de animal que ha pisado todo lo pisable de calle, asfalto y jardines con cacas, entre las sábanas de mis hijos.

Cómo se aprovechan de mi ausencia…

Alergia volatilizada

¿Recordáis, fieles lectores, que El Cachorro desarrolló alergia a los gatos? Hace ya un tiempecito de esto, ¿eh? (De hecho en marzo de hace dos años)

Pues miradlo.

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Está encantado con este. No lo deja ni a sol ni a sombra, ni él a él. ¿Qué ha sido de esa reacción que le dio uno que le dejó unos colores en la cara que parecía que lo habían inflado a bofetadas? ¿Qué ha pasado con esas pruebas de alergia que le hicimos que confirmaban que los gatos eran animales non gratos para él? ¿Qué especie de milagro se ha obrado?

Mi no entender nada.

Quiero un perro

Yo siempre cuento que antes dije perro que papá. Menuda obsesión la mía. Me encantaban (y encantan). Me costó conseguirlo 17 años. Y bajo una promesa que rompí como a la semana de tenerlo. Mi perro se llamaba Nicotina porque me lo compraron por dejar de fumar.

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Mirad qué preciosidad, mi samoyedo, vestido de San Fermín (era fácil… ;-))

Total, que me preguntaba cuándo me lo pedirían los niños. Obviamente, aunque adore a los perros, no va a entrar uno en casa NI POR ASOMO. Por lo menos en unos años, que bastante tengo encima. Sé qué implica tener un perro. Y para que esté el pobre bicho todo el santo día solo en casa, mejor no lo tengo. Porque cuando a mí me lo compraron, aunque estudiara, mi madre trabajaba como ama de casa y Nico estaba la mayor parte del día acompañado. Ah, y lo sacaba yo (casi) siempre; ese fue el trato.

Yo ahora no tengo tiempo ni de estar con él ni de sacarlo. Me cuesta mucho reservar tiempo para estar con mis niños, que son mi prioridad, con que para un perro…

Bueno, el caso es que hoy ha llegado la pregunta. Oigo a El Cachorro: “¿Podemos comprar un perro?” Yo ya le iba a soltar la perorata de que, aparte de que es mejor adoptar que comprar, ahora mismo ni de coña, porque da mucho trabajo, iba a estar solito en casa, él es demasiado pequeño para cuidarlo… cuando escucho al padre preguntarle que para qué lo quiere, y dice: “Para que cogiera esta pelota”.

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Ha encontrado una pelota de tenis y resulta que el complemento que le falta para sacarle partido ¡es un perro! JAAAJAJAJAJAAJAJA.

Hoy han venido a divertirse…

Os suena esa frase que en cada programa de “El Hormiguero” suelta Pablo Motos, ¿no? Esa que dice: “Hoy ha venido a divertirse a “El Hormiguero”… ¡¡no sé quién!!”

Pues en mi casa pasa lo mismo cuando el Señor de las Bestias aparece con un bicho. Solo que con algunas modificaciones.

“Hoy han venido a temblar a nuestra casa… ¡cinco pollitos!”

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Que ya me veo a los animales en la finca:

– Osti, tú, os han metido en una caja de cartón.
– Ay, no, ¡miedo! ¡Miedooo!
– Os van a llevar con esas dos fieras.
– Uff, verás.
– ¡Somos demasiado jóvenes!
– Madre mía, sed valientes, vosotros podéis.
– ¡Valor, amigos míos!
– Nnnnooooooooooo – y el grito se apaga mientras se pierde el coche que lleva la caja hacia mi casa…

Y al llegar a casa, zas, las dos fieras les arrean un beso tras otro. Venga espachurre, venga el beso. Y así. Con lo que cuando los bichos vuelven…:

– ¡Estáis aquí de nuevo! ¡Bieeeeeen!
– Calla, no sé si superaré esto alguna vez.
– Jamás volveremos a ser los mismos.
– Voy a tener pesadillas de aquí a que me muera.
– ¿Ha sido igual de terrible que siempre?
– O peor. Es tal y como lo contabais. ¡¡Nos han babeado enteros dándonos besos sin parar!!
– ¡Miedo! ¡Miedooo!
– Lo superaréis. Hay terapia, ¿sabéis?

Y colorín, colorado, me voy a comer una buena palmera de chocolate, que se me da mejor masticar que escribir, sobre todo si se trata de escenas sin ton ni son.

P.D. Si algún lector se ha visto ofendido por leer este despropósito, se suplica compasión por la autora, que seguramente no haya podido dormir hoy tampoco y ya no rige, pero la entrega del post la tiene que hacer sí o sí. Gracias.

Me pareció ver un lindo roedor

¿Recordáis que hace poco el Señor de las Bestias me mandó una foto de El Cachorro encariñado de un animalillo, preguntándome si podía llevar un hámster a casa? Pues la llegada del supuesto nuevo miembro de la familia se demora. Al padre de las criaturas se le “olvida” traerlo a diario. Pero a El Cachorro no.

Hoy, motu proprio, ha escrito esto:

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(Ojo, él solito).

Ya tiene que querer que venga el bicho para ponerse él a escribir sin que nadie le obligue. La matraca la está dando pero bien.

Y no es la primera vez que oigo lo de que a casa va a venir UNA RATA. Ya vi en su día que lo que tenía entre las manos no era un hámster. Pero vuelvo a ver la foto, con mi mosqueo en todo lo alto y… nada, que no sé muy bien si lo que me van a traer es un ratón o una rata. Sea lo que sea, ya puede estar bien enjaulado, y no porque me den miedo o asco (bueno, la cola de la rata, un poco sí), es que con esos dientes y ese apetito voraz que no discrimina, se escapa y te destrozan la casa en un santiamén.

Echo de menos cuando teníamos a “Tiburón” y “Pez”.

¡Pónganse a salvo, perros, hay lluvia de besitos!

A esta perra la ha pillado Don Bimbas desprevenida y se ha llevado más besitos que en toda su vida…

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Chuick, chuick, chuick. Ya sabéis que el Señor de las Bestias ha acostumbrado a mis pequeños a dar besos a todo bicho viviente. Pero literal. Puede ser un suave y mullido conejito o un sapo viscoso y maloliente. “Dale un besito”, les dice a mis hijos. Y cogen los otros y se lo dan.

Total, que estaba la perra tan campante, y la ha agarrado por banda el pequeño para cubrirla de besos.

Otro perro, viendo la jugada, se ha puesto a salvo…

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Bueno, no sé si se ha puesto a salvo o ya estaba ahí. Pero se libra porque aún mi funambulista…

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… está en prácticas. Pero cuando lo borde, que poco le falta, ese perro tampoco se libra… Porque besucones son los dos, por igual.

El hámster

Ya tardábamos…

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Ya me están haciendo el lío.

Antes siquiera de darme tiempo a contestarle al mensaje de WhatsApp, recibo una llamada del móvil del Señor de las Bestias, y resulta que es El Cachorro. “Esta vez su padre se las ha ingeniado pero bien para colarme al bicho”, pienso. Y, sí, ahí está mi pequeño pidiéndome por favor, por favor, por favor, quedarse con el hámster, y yo no tengo otra que claudicar, porque se está portando fenomenal últimamente (dentro de que es un cielo de por sí) y creo que esa mascota no implica tampoco mucho trabajo… dentro de que aviso de que no voy a ser yo la que me voy a ocupar de él…

Un par de días más tarde aún estamos sin el hámster. Todavía su padre no lo ha traído de la finca a casa y ambos rezamos para que a El Cachorro se le olvide. Pero no. Pregunta a diario que cuándo viene.

Le consulto que qué nombre le va a poner. Me contesta que “Carita de merluza”. Jaaajajaa. Me parto. Qué ocurrencia. Y como ve que me río, ya coge carrerilla. Y se le ocurre más nombres: Filete Frito, Árbol, Florecita, Brócoli. Claro que no es de extrañar; a su padre y a mí nos llama “Palomita de Maíz”. En fin, en qué acabara.

Por cierto, algún avezado lector ya se habrá dado cuenta, por la foto, de que no se trata de un hámster…

Una oveja en la ciudad

Es San Antón y los madrileños se acercan a la iglesia de la calle Hortaleza a bendecir a sus mascotas. El Señor de las Bestias ha querido llevar a los críos con un animal. El elegido ha sido esta oveja.

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Se ha encontrado con un amigo que también tiene un hijo y ahí que han ido los tres con la oveja por la calle.

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Luego se han metido en misa. A la salida es cuando llego yo, que les pregunto cómo es que no me han esperado dentro, pues hace un frío que pela, y ya me cuenta el padre: “Se porta mejor la oveja dentro de la iglesia que los críos”.

Y le creo.

El animal de hoy

El animal que ha venido hoy a pernoctar a casa es una salamandra.

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Cómo no, como viene siendo ya tradición, el Señor de las Bestias pide a sus hijos que le den besitos. Y los otros cogen y se los dan.

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Argh. ¿¿Pero qué necesidad?? ¿¿Qué perra tiene el padre siempre con que les den besos a los bichos, ya sea un suave, esponjoso y lindo conejito que un sapo repulsivo o una cucaracha de Madagascar??

 

La salamandra mola todo. Pero yo no la voy a besar.