Uuuuuuh, miedito

De verdad que Don Bimbas es un ganso total. Motu proprio ha cogido un dragón cuyo interior alberga un montón de bolas de plástico, se las ha sacado, se ha colocado el dragón encima a modo de sábana de fantasma y se ha dedicado a pasearse por la casa dando sustos al personal.

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Ha sido muy gracioso no solo por eso, sino porque no ha previsto agenciarse unos agujeros para ver e iba chocándose con las cosas. Y tan feliz, oye. Es inmune a los golpes.

Llega la hora de la cena. Eso sí que me da a mí pavor. Como les cuesta la misma vida, intento ingeniármelas para que coman. Cojo un tenedor de su plato y hago como que me lo voy a zampar yo y entonces forcejeamos hasta que se lo comen ellos. Así consigo que cenen.

El caso es que el juego me lleva a otra fase, que es señalar hacia un lugar, ellos miran y hacen como que no saben qué va a pasar, y yo hago como que me voy a zampar lo que haya pinchado en el tenedor de su cena. «Mira, mira, cariño», le digo a El Cachorro señalando al exterior, «¡una cebra con tacones!» Y el pica pero no, y se ríe de la gracia de hacer que se distrae para que yo haga que me como su tenedor. Le encanta el tema.

Así que mira, mira, una vaca en brazos, mira, una pantera tocando la trompeta, ahí, un canguro con minifalda… Y en esto que Don Bimbas empieza a señalar fuera, donde lo estoy haciendo yo, dando grititos. Salta de su silla y se me acurruca en mi regazo. ¡Resulta que se muere de miedo! ¡Cree que en el exterior no hay más que seres extravagantes! Buena la hemos hecho.

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Y no hay forma de que se le pase. «Que no hay nada, pitufo, que es bromaaa». No hay tu tía. Tengo hasta que cerrar la persiana. Aaaay, qué santa paciencia. Menudo fantasma de pacotilla está hecho.

Entre este con los animales raros imaginarios, y su hermano mayor con las personas sin cabeza, que está obsesionado… Los tengo acojonados. Claro que El Cachorro sí que tiene fundamento para tener miedo. No se le ocurre a su abuelo otra cosa que ponerle en la tele… ¡”Sleepy Hollow”! En fin, qué santa paciencia también.

Estrategia

Vamos por la calle haciendo recados y pasamos por delante de una tienda de juguetes. Miramos un poco el escaparate por encima, sin siquiera asomarnos, y nos marchamos.

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Pero quince metros después El Cachorro me hace notar lo siguiente:

 

– Mamá, Pablo quiere entrar ahí.

 

Jaaaajaja.

 

– Anda, Pablo quiere entrar ¿eh? Pablo quiere y tú no, ¿no?

 

Y con un hilillo de voz me acaba reconociendo:

 

– Pablo quiere y yo también.

 

Qué cuco. No es la primera vez que lo hace: “Pablo quiere ver dibujos en la tele”, y Pablo está donbimbeando por ahí sin darse cuenta de la jugada.

 

El monstruo de las galletas (saladas), calcado a su madre

Don Bimbas es un bebé para lo que quiere. Me hace monadas de bebé y demanda mimos de bebé. Y aún toma puré y leche con cereales en biberón como un bebé y tira platos enteros de comida al suelo como un bebé.

 

Pero las galletas redondas saladas…

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… ENTERAS A LA BOCA.

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Por supuesto esto no ocurre solo con las galletas. En un restaurante, pedimos para los pequeños los clásicos pasta con tomate, lomo y croquetas, y los mayores nos preparamos para el homenaje.

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Pues bien, Don Bimbas que lo ve y se lanza en plancha. Se me cuelga del brazo y no puedo ni pelar la gamba. Y si la consigo pelar, es para él. Yo no sé cuándo ha probado una para estar tan obsesionado.

 

Y cuando terminamos, como yo siempre me quedo con hambre, le pido al Señor de las Bestias que me unte pan en su salsa de cabrales. Y Don Bimbas, detrás.

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«Definitivamente es como tú «, dice su padre.

Inmune al chantaje

Le dice el Señor de las Bestias a El Cachorro que mañana le llevará al pueblo para que una familiar muy cercana le dé sus regalos de cumple. Y contesta él, con una serenidad pasmosa, con una resignación aplastante, con un aplomo asumido, sincero y lógico: «Pero si no me los va a dar porque no hablaba con ella».

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Hace siete días, el día de su cumple, esta señora le llamó para felicitarle y él no se quiso poner. Ni con ella ni con el 70% de la gente que lo llamó. Es tímido y sin reparos te dice que no se quiere poner porque le da «güervenza». Pasa mal rato el crío. Pues la otra: «Si no te pones no te daré tus regalooooos», le decía al otro lado del teléfono con tono cantarín. Pues ni por esas. El Cachorro no cedió a su chantaje.

 

Manda huevos que le presionara de esa manera. Se supone que lo tendría que conocer lo suficiente, porque lo conoce de sobra, como para no venirle con esas, como para entenderlo y decir “no pasa nada, cariño, felicidades, ya hablaremos”. Pero no.

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Así que hoy, cuando su padre le dice de ir a visitarla, él tenía totalmente asumido que no le iba a dar sus regalos. Porque eso es lo que le dijo ella. Y está acostumbrado, además, a que las condiciones que se le ponen, se cumplan.

 

Pero su padre le dice que sí que se los dará.

 

Así que gracias a ella ahora ya sabe qué es el chantaje, la amenaza y la mentira. Supongo que con cinco años tiene que empezar a encontrarse con todo tipo de situaciones y de gente…

 

(Se nota lo bien que me cae esa persona, ¿verdad? Que cuando oí lo de “si no me hablas no te daré tus regalos” ganas me dieron que decirle: “Métetelos por el cuÁNTO HACE QUE NO NOS VEMOS, DARLING”).

 

Eres un miedica

Pues dirán lo que quieran sobre que los niños son niños y que no actúan con maldad. Pero discrepo. Claro que hay niños que actúan con muy mala idea…

Hoy han puesto un castillo hinchable en la piscina. Ha sido la sensación. Nos hemos tirado grandes y pequeños.

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Menos El Cachorro. A mi niño le ha dado miedo. Se ha subido varias veces pero le ha dado en todas mucha impresión. Así que se ha dado media vuelta y se ha bajado (menos en dos o tres ocasiones al final en que ha consentido que lo colgara desde arriba todo lo largo que es y luego lo soltara).

Pero una de las veces nos hemos subido con un amiguito. Estando los tres encaramados, y no atreviéndose El Cachorro a tirarse, salta el otro crío: «Miedica, eres un miedica…» Lo he cortado rápido diciéndole que no es malo tener miedo y que unos tienen miedo a unas cosas y otros a otras. Pero me ha fastidiado. Porque me ha parecido mezquino. Máxime porque sí que a ese niño le dan miedo otras cosas, muchas más que a El Cachorro, y El Cachorro, lejos de llamarle algo malo o de reírse de él, siempre le ha prestado ayuda: «Mira, haz como yo, sube por aquí, pon la pierna así…» Como mucho se habrá pavoneado de manera encubierta («si es muy fácil…»). Y punto. Jamás se le ocurriría reírse de su amigo. Es más, lo defiende. Y tengo pruebas. Creo que ya lo conté aquí…:

Ese mismo amigo, cuando descubrió que mi hijo aún dormía en cuna cuando él llevaba tiempo haciéndolo en cama, se mofó: «¡Duermes en cuna! Eres un bebé, eres un bebé, jaajaja». No os cuento cómo me molesto aquello. Mi hijo en cambio lo aguantó estoicamente. Cuando se fue el crío, le informé toda rabiosa al mío de que si bien él dormía en cuna, su amigo aún utilizaba pañal, cuando él lo había dejado hacía un año. Mi hijo no soportó que hablara «mal» de su amigo y lo defendió.

 

¡Pero lo defendió tachándome de mentirosa, porque no se podía creer que su gran amigo utilizara pañal como un bebé!

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Sí que hay niños que actúan con maldad (aunque en su descargo hay que señalar que lo que hacen lo hacen porque lo ven en casa, porque sus personas de referencia, véase sus padres, actúan así) y niños a los que no les cabe el corazón en el pecho. Niños con una nobleza admirable, como El Cachorro. Sin lugar a dudas puedo afirmar que mi hijo es una buena persona. No como su amigo.

 

Ni como yo.
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Aunque yo era igual de noble que él cuando era pequeña y actualmente soy… mejor persona que su amigo.