El pulso

Don Bimbas tiene carácter, sí. Y me echa pulsos sin parar. Primero, cuando le llamo y no viene. Eso ya sabéis que es su especialidad. Se la pela lo que le diga, o lo que se pierda, si no se quiere mover porque está chinado perdido, no se mueve.

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Pero últimamente, cuando ve que le compensa venir, pero no quiere dar su brazo a torcer, si le digo “ven”, me dice “no, ven tú”. Y tengo que ir, claro.

Tengo que acercarme hasta donde está él y, entonces sí, consiente en venir conmigo y hacer lo que le digo. Claro, que a mí también me revienta que ese canijo me mande, así que alguna vez (me sobran dedos de una mano si las cuento), contraataco diciéndole yo: “No, tú, ven tú”, y él no viene y mi enfado va in crescendo, le riño y me largo y él pierde las cuerdas vocales gritando, y así pasamos el gran rato, la mar de bien.

“No, ven tú”. Con dos cojones, mi niño.

¿Qué por qué me compensa no tirarlo por la ventana? Porque es un experto en amor verdadero. Porque cuando lo acompaño a la cama…:

– Te quiero – le digo.
– Te quiero yo a ti.

(Ya, ya sé que hay un post en el que contaba esto, que él siempre responde: “Te quiero a ti”. Hoy ha introducido la variable del “yo” y me ha parecido oportuno volver a sacar el tema. Más que nada porque me priva y me enamora y quiero sacarle partido antes de que se le pase esta vena tan amorosa).

De verdad que no hay nada en el mundo que supere esto.

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Me recontrachifla este lenguaje como de yo Tarzán, tú Jane.

Me estalla el corazón.

Me reconcilia con él y él sabe que así consigue una especie de salvoconducto para cuando me pone de los nervios y me reta.

¿Las apariencias engañan?

Señala el pequeño un número cuatro y dice “ato”.

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¿Será cierto que reconoce los números? ¿Son las ganas o es coincidencia? ¿O es algo normal y yo me estoy empalmando por nada?

Luego se sientan en la mesa y me surge otra duda:

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Esto de los abrazos ¿lo hacen de verdad, porque se aman con locura, o porque saben que yo me pongo moñas y me quieren tener contenta…? ¿Es postureo?

Diantre, qué sensación me está entrando hoy como de si me estuvieran tomando la cabellera…

Día minion de los enamorados y amor en el portal

Dibuja El Cachorro lo siguiente:

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“¿Qué es, cariño?”, le pregunto. “Un minion enamorado de un plátano”.

Vamos, es que está CLARÍSIMO.

A expresar conceptos con dibujos esquemáticos NO-LE-GANA-NADIE.

Hoy, por si no lo sabéis, que bien puede pasar, porque apenas se habla de ello, es el día de los enamorados. Hoy llego a casa del cole con los críos y el portero me da un ramo de flores que ha dejado un repartidor a mi nombre.

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El Cachorro indaga:

– ¿Quién te lo ha regalado?
– Un admirador secreto – le digo.
– ¿¿Te lo ha regalado el portero??

JA, JA, JA, JA.

Love is in the air.

Marisco lover post banquete

Hace poco, en un viaje al norte, comiendo notamos que Don Bimbas se inclinaba por las gambas. Vamos, se inclinaba literal, lanzándose en plancha.

 

Ayer le tuve que pelar todas las gambas del arroz que hizo mi madre.

 

Esta noche la paso separada de mis hijos. Están en Madrid con el Señor de las Bestias, quien me cuenta que el pequeñito se ha puesto morado de bígaros, cigalas y gambas. Más tarde me manda esta foto:

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Está como una boa, haciendo la digestión.

 

Don Bimbas y esta perra se han hecho grandes amigos.

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Me temo que se va a levantar con el bracico izquierdo dormido.

In fraganti

A Don Bimbas no le dejamos atosigar a Sila, que está mayor y, si se le pilla sin esperarlo, tiende a revolverse y puede pegar un traskao. Le pedimos sin parar al peque que no se acerque y que lo deje tranquilo, ¡sobre todo si está dormido!

 

Pero Don Bimbas es mucho Don Bimbas, es decir, de ideas fijas.

 

Don Bimbas ingenia nuevas maneras de acercarse a él y acariciarlo.

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Y ahí lo tenéis. Intenta burlar nuestra vigilancia y seguir cogiéndolo de improviso, que es lo verdaderamente gracioso, ver cómo el Sila da respingos.

 

Vaya cruz le ha caído al bicho…

 

Merienda sobre plano

Me enseña El Cachorro una palmera de chocolate que en principio sostenía era una “sompresa” para mí.

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Pintón. Me relamo.

 

Pero luego dice que él quiere palmera con la leche de la merienda. Y cuando le reclamo: “¿Pero no era para mí?”, me dice que para mí, para él, para papá y para Pablo (ya está intentado contentar a todo el mundo, maldición). Que la tengo que partir por la mitad. Y luego por la mitad también. Y acto seguido, por si las moscas, que me conoce como si me hubiera parido él a mí, me traza una especie de plano:

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“Mira, así la tienes que partir”.

 

Para que me quede bien clarito y no haya escapatoria.

 

Odio que yo sea tan previsible y que él tan listo.