Bicho raro

Hoy Facebook me recuerda (madre, qué juego me está dando) esta reflexión a los ocho meses de mi primer embarazo:

madre 10 (1)

Las once de mi grupo de amigas de PAMPLONA tienen hijos, y acaban de comenzar la tercera ronda. Hasta hace ocho meses yo era el bicho raro.

 

El sábado me fui a cenar con un grupo de amigas de MADRID, más de la mitad mayores que yo, y ninguna tiene hijos. Con este bombo, yo era el bicho raro.

madre 10 (2)

Si en una de estas me encierran en una jaula, que sepáis que me podéis venir a echar cacahuetes, palmeras de chocolate, paellas y corderos asados. Gracias”.

 

Pues esto es lo que pasa, que soy la nota discordante aquí, allá y acullá. Acullá puede ser en mi propia casa. También Facebook me recuerda por estas fechas otra vivencia de hace cinco años: “En horizontal en el sofá, sobre unos cojines, bajo una mantita, con las piernas en alto encima de tu pareja… ¡no se debe estar ni mal!” Y lo estaba suponiendo porque, ¿sabéis de quién hablaba? De mí, desde luego, no, del Señor de las Bestias, que estando yo a menos de un mes de parir, se encontraba él de esa guisa, estiradazo ocupando todo el sitio, con las patorras encima de mí, dejándome arrinconada y aplastada. El mundo al revés.

 

Amaya Rey, bicho raro profesional, para servirle.