La ruta

Estoy llevando a los niños al cole y, habitualmente, si es que no salimos (demasiado) tarde de casa, dejo primero a Don Bimbas en la guarde y luego llevo a El Cachorro al cole. A veces, cuando hacemos la primera parada, El Cachorro quiere acompañarnos y en otras ocasiones prefiere quedarse en el coche.

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Y yo generalmente a veces prefiero que se quede en el coche, por aquello de ir con la hora pegada al culo y ganar tiempo, porque si se baja luego lo tengo que volver a atar y tal y son segundos preciosos (no se puede decir que yo vaya sobrada de tiempo haciendo las cosas…) Pero las veces que nos acompaña, reconozco que lo disfruto horrores. Sobre todo porque cuando llega la hora de dejar a Don Bimbas en su clase, con lo cariñoso que es este, me da besos sin parar a mí… y por supuesto a su hermano.

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Esta imagen de par de mañana me arregla el día entero.

Pero en medio de mi arrobamiento… ¡¡¡COOOOOORREEEEEEE, CARIÑO, QUE NO LLEGAMOS AL COLE!!! Y salimos El Cachorro y yo como alma que lleva el diablo, escopetados hacia el coche. Menudas carreras para empezar el día…