Tablet a hurtadillas

Pues os revelo que, cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso, les dijo algo más de lo que nos ha llegado. La condena fue la siguiente: “Labrarás la tierra, parirás con dolor y tendrás hijos que se despierten a la misma hora que la de ir al cole en días de fiesta”.

Porque, no falla. Para ir al cole, hay que ir a despertarlos y cuesta lo más grande. Pero el día que hay fiesta, al despuntar el día, zas, en pie. Para matarlos.

Yo, que de natural no me gusta madrugar ni un pelo, que he sido nocturna toda la vida, los días de fiesta quiero levantarme lo más tarde posible. Sobre todo estos días, que me quedo hasta las tres viendo “Juego de Tronos” como una obsesa (es la primera serie a la que me engancho así después de “A dos metros bajo tierra” del año 2001). Así que intento hacerles entender a mis hijos que es muy importante que no me despierten. Pero lo hacen, vaya si lo hacen. Si se despierta Don Bimbas, antes incluso de ir a hacer pis, se viene a mi cama y me dice: “Tengo hambre”. Yo le logro balbucear que pille cereales o lo que sea, pero que por el amor de Dios, ¡no me despierte!, pero ya es tarde, porque no vuelvo a conciliar el sueño. Ahora, me quedo remoloneando lo menos hora y media más.

Si no es el hambre del pequeño, son los gritos porque están peleando los dos y, si no, los juegos bestias a los que se dedican, que consisten en tirar coches y estamparlos con todas sus fuerzas contra suelo y puertas.

Tooooodos los días intento hablarles en serio sobre la importancia que tiene que respeten el sueño de los demás. Que, si alguien duerme, hay que ir callandico por casa, hablando bajito, sin hacer el más mínimo ruido. Sé que eso es imposible, pero les planteo el escenario ideal para que, al menos, hagan por esforzarse.

Hoy, de nuevo, Don Bimbas ha venido a mi oreja a informarme de que tenía hambre. Yo, le he vuelto a decir que, por favor, no me despertara. Y he vuelto a quedarme en la cama, despierta. Por eso, he visto cómo, al rato, El Cachorro se ha acercado a mi habitación para cerrar delicadamente mi puerta.

“Qué mono”, he pensado, “se está tomando en serio lo de no molestarme y ha tenido el detalle de intentar preservar mi sueño”.

Cuando me levanto y abro mi puerta, me encuentro también la del pasillo cerrada.

madre 25 (1)

Y, luego, la del salón.

madre 25 (2)

Tanto cuidado hacia mi persona, me escama. Y abro la puerta.

madre 25 (3)

Claaaaaaaaaaaaaaro. Ya decía yo. Tienen prohibido coger la tablet sin mi permiso, y se lo pasan por el forro de los cojCALZONCILLOS. Y aquí estaban, protegiendo su desobediencia.

¡Para esto sí que no arman ruido, los muy bandidos!

Don Bimbas, algo más tarde, me pide la tablet. Le digo que nanay, que se han pegado el gran rato con ella. Él siempre anda rogando que se la dejemos. PERO, ¿sabéis por qué él, en particular, está tan enganchado a la tablet? Porque me ha salido musical perdido. Le flipa ponerse canciones, sobre todo si son la de “Despacito” o “Si te vas, yo también me voy” de Enrique Iglesias.

madre 25 (4)

Lo cachondo del tema, es que se planta la tablet en la oreja como un negro rapero del Bronx. Y a menear el culillo. Es carne de reguetón.


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios