Su debilidad

Se asoma la vecina pequeña, de dos añicos, con sus hermanos, a la habitación de mis hijos. Trinca un bote de plastilina de un juego de El Cachorro. Cuando nos vamos juntos su madre, sus tres hijos, mis hijos y yo, y nos metemos en el ascensor, vemos cómo la peque se está introduciendo el bote en el bolsillo: “Oye, choriza”, le digo. Nos reímos. Pero sé que mi hijo igual lo pasa mal si piensa que su bote se lo va a quedar la mangante, así que le digo: “Sarita, le tienes que dar el bote a Simón”. Y coge El Cachorro, la abraza fuerte y dice: “¡Yo se lo dejo a mi chiquitina!”

Se me han puesto las pupilas en forma de corazón.

madre 28 (1)

Cuando volvemos a casa todos después de pasar la tarde por ahí, la madre de la interfecta me quiere dar el bote. “Déjaselo, que juegue. Ya nos lo devolveréis”. Ah, pero al rato de entrar en casa, dice El Cachorro: “¡Oh! ¡Sarita se ha quedado mi plastilina!”, y se ha encargado de ir a su puerta a reclamarla.

O sea, Sarita es “su chiquitina”… pero para un rato.


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