Sin tele PARA LOS RESTOS

De nuevo uno de nuestros sábados. Sí, esos en los que estoy sola con los críos, hacemos mil cosas, me marean dos mil veces y me enfado en tres mil ocasiones.

El día, como de costumbre, empieza más o menos bien. Bueno, me levantan antes de lo que yo quisiera y arman un pifostio porque los dos quieren el mismo juguete. En fin, lo normal.

Al poco rato reclaman la tele. También es algo normal. Y pese a que ponérsela me evitaría muchos disgustos y me garantizaría algo de tranquilidad, me niego. Pero, madres y padres, no sabéis lo bueno que es aguantar el tirón. Porque si bien es verdad que enseguida llegan los “me aburro” y los “jo, no sé qué hacer” y los “mamááá, mamááááá”, después se suceden los juegos improvisados y la forma de autoentretenerse. El Cachorro y Don Bimbas han empezado a jugar a pillar, al escondite… daba gusto verlos.

Estaba tan encantada que les he sacado un puzle que se utilizó creo que una vez en su vida y me he puesto a hacerlo con ellos.

madre 20 (1)

Bueno, con El Cachorro. El otro encontraba más placer en esparcir las piezas y en caminar sobre los planetas.

Y ni tan mal.

Y el post iba a terminar aquí, haciendo una oda a lo positivo que resulta no ponerles la tele a los niños.

PERO.

Estando en la cocina y ellos por la casa petardeando, me llaman desde el salón. Es El Cachorro el que, antes de que llegue y vea a Don Bimbas subido a una de sus sillitas en la estantería, me avanza lo que temía desde hace exactamente dos años y dos meses. Bueno, menos, porque me la hice justo el día de mi cumpleaños, pero me la entregaron unas semanas más tarde. Ocurre esto:

madre 20 (2)

Mirad, no hay objeto en toda la casa sobre el que no haya advertido en un sinfín de ocasiones que era el más sagrado, que el que le hiciera algo saldría de aquí de una patada, que era algo que valía más que cualquiera, que tuvieran más cuidado que con su propia vida, más que este. Y, nada, ya se lo han cargado.

La energía concentrada de mi furia podía iluminar Madrid (no la ciudad, la Comunidad), durante todo 2019. Aún no sé cómo la he podido contener mientras los mandaba para su cuarto. Pero ya ha sido cuando los dos se han empezado a descojonar, porque resulta que les hago muchísima gracia cuando me cabreo horrores, que les he dicho que estaban castigados sin tele durante una semana y un día.

Se lo he avisado a la mujer que los cuida por Whatsapp, para que quede constancia y por si se me olvida avisarle cuando la vea. Se ha llevado un disgusto, porque eso para ella implica que la castigo a ella. Utiliza la tele para tenerlos controlados mientras ella limpia la casa y plancha. Es decir, creo que en estos momentos me odia más que mis hijos.

En cualquier caso, ahora sí que van a tener que ingeniárselas para encontrarle lo positivo a no ver la tele porque NO LA VAN A OLER.

P.D. OS JURO que hoy me había dado el pálpito de que igual tenía uno de esos días plagados de las desgracias que me organizan estos, tipo los posts de algún sábado que a veces os he contado, pero acto seguido me había dicho, como para revertir mi mal presentimiento: “Bueno, con tranquilidad, hoy va a ser un gran día”. En plan mantra. Y basta que te plantees ser zen ocurra lo que ocurra, para que ocurra lo que jamás tenía que ocurrir. Esa intuición mía que no falla…


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios