Sin sueño pero sí

Queremos las amigas alargar la noche, así que propongo que vengan a mi casa. Nos vamos a la terraza mientras apalancamos a los críos frente al televisor. Ya me he encargado de decir que ni hablar de sacar juguetes a estas horas (son las mil).

Al poco, los dos hijos de una de ellas, caen fritos. Uno de ellos boca abajo, en el suelo, como si se hubiera caído de un quinto. La otra amiga se acaba subiendo a su casa con su hija. Quedan en pie mis hijos y la pequeñita de mi amiga, que es un amor y también como el muñeco diabólico. Y al ratín, cae también Don Bimbas. Se van también enseguida. Son la una y veinte de la mañana. Llevo a Don Bimbas, roncando, a hacer pis y a la cama y a El Cachorro, que está pegado a la tele (increíble el enganche que tiene con las pantallas), al baño a lavarse los dientes. Me dice:

– Mamá, ¿por qué todos se duermen y yo no?
– Eso me gustaría saber a mí, cariño.
– Pues es que no tengo nada de sueño, pero nada, ¿eh?, podía estar una hora más viendo la tele.
– Me lo creo, me lo creo. Sobre todo si hay tele.

Y me lo creo, sí. El caso es que, después de este total (así es como llamamos a las declaraciones de alguien a cámara los periodistas de televisión), va a la cama y oigo que llaman a la puerta. Es el Señor de las Bestias, que vuelve de tomarse unas copas con los maridos de mis vecinas, las que han venido a beber vino a mi casa. Y en lo que vuelvo al cuarto de mis hijos, me veo este panorama.

madre 31 (1)

De ponerse el pijama ya ni hablamos. El que no tenía nada, pero nada de sueño, ¿sabéis? Es que en su habitación no hay tele…


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