Visita al hospital

Me han operado de hallux rigidus, dedo rígido. Nada, una movida por llevar tacones. No puedo doblar bien el dedo gordo del pie y me duele. Ando medio coja. Y es un fastidio. Ya me operé de ambos pies en 2012 y esta, entonces, es la segunda vez que lo hago del pie izquierdo, a la espera de que lo haga también del derecho.

El caso es que por la tarde aparecen mis niños. Los trae su padre. Y bien traídos.

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En cuanto Don Bimbas me extiende la Caja Roja de Nestlé, me dice: “¿Pero (puedo) comé bombón?” Jaaajajajaj. No veía la hora. Le he dicho que sí.

El Cachorro por su parte, le pregunta a su padre: “¿Vamos ahora a por el regalo?” “¿Qué regalo?”, indago. Y es uno que les ha prometido si venían a veme. O sea, tengo unos hijos que, o se les soborna, o pasan de su impedida y dolorida madre. Qué guay haberlos parido entre terribles sufrimientos. Compensa mogollón.

Con Don Bimbas masticando bombones, El Cachorro se pone pesado: “¿Vamos a por el regalo? ¿Nos vamos a por el regalo?” Hasta que su padre pierde la paciencia y le dice que como pregunte una sola vez más algo acerca del regalo se queda sin regalo y sin móvil y sin tele. Así que pregunta: “¿Cuánto nos vamos?” Le mira el Señor de las Bestias con rictus furibundo y salta El Cachorro: “¿¡Qué!? ¡No he dicho nada de regalo!”

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Un pelín más tarde abre la puerta del baño y le pilla el pie a Don Bimbas. Y Don Bimbas reacciona como si le hubiera pisado un elefante. No en vano, ya que andaba descalzo. O sea que imaginad el dolor. Se pone a gritar y a llorar de manera harto escandalosa. Para más INRI, El Cachorro le secunda intentando defender su inocencia: “¡¡Ha sido sin quereeeeeeeeeeeerrrr!!” Intentar callarlos es imposible. Estoy convencida de que han sido capaces de despertar de un coma de veinte años a algún tipo de la última planta del hospital.

Calmados los ánimos, y para evitar males mayores, les digo que pueden irse a casa. Los peques se ponen los zapatos, también las cazadoras, vienen a darme un besito y salta Don Bimbas, con esa vocecita inocentona y tierna que pone, echando mano a los bombones, a ver si cuela…: “¿A llevá a caza?”

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¿¿Habéis visto hijos más interesados que los míos?? Qué gusto, oye.


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