Usurpación de cama

Primero, Don Bimbas con sus dolores de rodilla de siempre. A medianoche. Y a las dos de la madrugada. Me acuesto y a las cuatro, El Cachorro tosiendo. Me levanto. Le doy agua. Me acuesto. Aparece en mi cuarto, que quiere dormir con nosotros. “Cariño, ya no cabes”. Él intenta introducirse por algún lado, pero no, no cabe. “Es que no quiero dormir soloooooo”. Así que me he ido yo a su cama.

Menos mal que no fui tacaña en los colchones de los críos, que duermo yo más veces en ellos que ellos mismos.

En su cama, lo oigo toser y llamarme. Está fatalo. Tengo la cabeza como si se hubiera sentado encima un rinoceronte. Y los párpados, como si alguien estuviera tirando de ellos para abajo. Joder qué sueño. Pero no queda otra. Me levanto y voy a por jarabe contra la tos. Se lo doy.

madre 30 (1)

Me vuelvo a la cama. Pero ya estoy desvelada perdida y todos mis fantasmas me vienen a visitar. Porque yo soy de recordar episodios horribles por la noche o de imaginar truculencias.

Cuando suena el despertador, no sabía ni dónde me encontraba. De verdad, en el trabajo deberían dar la baja para los días siguientes a noches como esta.


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