Una madre divertida

Pues nada, que vamos toda la familia de par de mañana al cole a dejar a los críos. He estado unos días fuera, con lo que se ha estado encargando de todo el Señor de las Bestias. Así que hoy me he levantado para llevarlos yo. Pero va el otro y dice que también va, que tiene dentista a las 10 en Madrid y que tiene tiempo de sobra. “¿¡Y para eso me haces levantarme, con lo mal que he dormido!?” No sé por qué me hace estas jugadas. Es que se me llevan los demonios. Así que, como digo, vamos los cuatro.

Decido que los críos vayan en mi coche.

– Noooooooooo, con papááááá – pían.
– ¡Conmigo, que hace mucho que no os llevo!
– ¡Noooooooooo, con papááááá!
– ¿¡Pero cómo podéis ser tan desagradables!? ¡Conmigo y sanseacabó! – me tienen hasta el moño, con tanta “papitis”.

Bien, así que vamos, aparcamos, y echamos a andar. Los críos: “¿Carrera?”…

Iba yo… cómo iba yo. Monísima. Con mi abriguito camel y mi bolsazo carísimo de Reyes. Mi camisita y mis botines nuevos. Mis uñas de rojo pintadas (hacía siglos que no me las pintaba, pero hace un par de días maté el tiempo haciéndolo mientras estaba en la habitación de mi padre en el hospital). Mi cuello de firma. En fin, hecha un primor. Y digo: “Noo, carrera nooo”… ¡¡pero, sorpresivamente, echo a correr!!

Porque soy una madre superenrollada.

Llevaba mi bolso en una mano, de las asas, y la mochila de Star Wars de ruedas de El Cachorro en la otra. Pero ahí iba, esquivando padres, madres y alumnos a toda pastilla, que se quedaban pasmados con la escena. Don Bimbas muerto de la risa intentando ganarme. El Cachorro también detrás dándolo todo. ¡Y, en esto…!

Y en esto que, haciendo un requiebro a otra familia ME TRASTABILLO EL PIE con la mochila de mi hijo y salgo volando de frente. ¡Pero VOLANDO! Tras un breve planeo (me he creído un dibujo manga), pongo las manos delante (gesto que me salva los piños) y aterrizo en plancha con las palmas y la rodilla izquierda. El bolso carísimo aún sale arrastrándose más adelante. El móvil se sale del bolso y termina más lejos todavía. ¡PATAPAF! La madre de todas las leches, me pego.

Vienen trescientas familias a ayudarme. Yo me río y digo que no me ha pasado nada, pero me arden las palmas de las manos, me duele la rodilla, tengo una uña que menos mal que está pintada de rojo, porque me sangra, y el orgullo, ¡ay, el orgullo!, es lo que sale más dañado.

madre 24 (1)

Como me río y no hago más que hacer bromas al respecto, “jopé, parecía una ardilla voladora”, “menuda galleta me he pegado”, “¡es que he salido planeando!”… El Cachorro se reía a mandíbula batiente. Ahí es cuando he aprovechado para meter la cuña: “Con que tu madre no es divertida, ¿eh? Con que es más divertido papá, ¿no? ¡A que no se tira así! ¡Para que luego digas que no soy divertida!” Y se reía… ¡madre lo que se reía! Ninguna compasión.

El Señor de las Bestias: “Me pasa a mí y me hago el muerto”. Es un vergonzoso irredento. “Oye”, le digo por lo bajini, “que me he hecho daño, ¿eh? Pero qué le voy a hacer. Al mal, tiempo, buena cara”.

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El Cachorro, a su bola, risa tras risa: “¡Se lo voy a contar a todos mis compañeros de clase!”

Mientras, yo en casa estaré lamiéndome las heridas…


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