Un niño especial

Le monté un pollo del patín a El Cachorro cuando, por hacer el canelo jugando con mi peine dándole golpes, rompió una púa.

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El pollo no es por el peine, que creo recordar que era de propaganda, es por el poco respeto que tiene a las cosas, las suyas y las de los demás. Eso es lo que me enerva. Que coja cosas que no son de él sin preguntar, que juegue con cosas que no son de él sin permiso, que no tenga cuidado con las cosas en general, sean o no sean de él. Me canso de repetírselo, además. Así que me da lo mismo si es un peine que si es un jarrón de la dinastía Ming. Cogió algo que no es suyo para hacer el cafre y lo rompió.

Hoy al levantarse coge y me dice: “Mamá, cuando se me caiga el diente al ratoncito Pérez le pondré debajo de la almohada para que se entere que quiero un peine para mi mamá”.

SOY UNA AUTÉNTICA PRIVILEGIADA PORQUE TENGO EL NIÑO MÁS BONITO DEL MUNDO.

Me rompe peines, pero no es más perfecto porque ES IMPOSIBLE.

¿Queréis otra muestra? Tengo para dar y tomar:

Entramos al portal El Cachorro, Don Bimbas (bueno, Don Bimbas estaba enfadado al lado del coche y no había quien lo moviera, en su línea) y yo, y nos topamos con una vecina/amiga y su hija, que es casi un año menor que mi pequeño y se llevan ambos a las mil maravillas. Recurro a la chiqui para que convenza a mi tozudísimo para que entre en casa. Al final entre ella, El Cachorro, un niño mayor que pasaba por allí y mi vecina, consiguen que Don Bimbas se digne a entrar. Y cuando íbamos a empezar a pegar la hebra, la cría dice que tiene sed, y su madre dice que van a tener que subir a casa porque lleva un buen rato pidiendo agua.

Yo no tengo agua encima, pero sí recuerdo la botella de agua que cada día lleva El Cachorro en su bolsa de deporte. Sin embargo, mantengo esa información en secreto, más que nada porque no es mi botella y porque sé que a mi hijo le dan asco las babas de los demás. Se pone malo cada vez que hago que compartan una bebida su hermano y él. Es muy escrupuloso. Así que lo encubro. Total, la cría va a llegar a su casa en segundos…

Y en esto que, conociendo el problema que teníamos entre manos, El Cachorro se acerca a su bolsa (que llevaba yo colgando), coge su botella de agua y se la da a la niña.

ME-LO-CO-MO.

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Esa niña no es consciente del gesto que ha tenido mi hijo con ella.

Luego ella le ha dicho “gracias”. Y él ha dicho “de nada” y acto seguido le ha pasado la mano y la manga a la boca de la botella. Poooooobre, qué mal lo ha tenido que pasar viendo cómo babeaban su botella. Porque no ha sido solo la niña, Don Bimbas al verla, también ha tenido que beber.

Mi vecina: “Es que es un niño muy especial”:

Y lo es. Lo es.


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