Tutoría inversa

Hoy tenemos tutoría con la profe de Don Bimbas. Es distinta de la del año pasado, cuando empezó el cole, la que nos dijo: “Vuestro hijo no habla” nada más entrar a su tutoría. Como si no nos hubiéramos dado cuenta. Tengo curiosidad de ver qué nos cuenta esta profe sobre él.

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Yo creo que probablemente nos diga que es un vagurcio. No hay más que ver los trabajos que trae a casa, a medio hacer, de cualquier forma… Pero, así como con El Cachorro me preocupo, porque si sigue así de despistado y de poco aplicado, le irá mal en el cole, ergo en la vida, con Don Bimbas… bueno, es que estoy firmemente segura de que le irá bien siempre y punto. Me juego el cuello a que habrá un montón de compañeros que le quieran hacer los deberes. Este tiene la vida resuelta de nacimiento.

Es broma, me preocupa igual.

Bueno, pues para mi asombro, su profesora está muy contenta con él. Disculpa que no esté al nivel de casi la mayoría, “porque es de diciembre”, y destaca que sus monigotes de antes eran una patata y cuatro palos que le salían, mientras que los de ahora ya tienen cuerpo, y que antes no hablaba y ahora sí, y que antes no reconocía los nombres de sus compañeros escritos, y ahora casi siempre.

– Ya – le digo – pero el otro día escribí en casa la A, la B y la C, le pedí que me señalara la A, y no sabía cuál era. Se lo expliqué, y seguía sin asociar el fonema a con la letra.

Total, que le chafé el optimismo. “Pues ya me fijaré”, me dijo.

– Además no diferencia entre letras y números –. Yo ahí, abundando en el tema.
– Bueno, hay niños que no se muestran interesados en la lectoescritura hasta más adelante, cada cual tiene su momento.

Me parto. Yo sacando defectos y la profesora disculpándolo. El mundo al revés.

Pero yo salí muy contenta, claro. Pensaba que tenía un caso perdido y me dio muchas esperanzas.


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