Truco

Al nene la leche le gusta mucho. Por suerte no ha salido a mí.

 

A mí, que adoro los lácteos, la leche no me gusta nada. Por eso en mi vida empecé tomando leche fresca del día calentada en fuego (no había llegado el microondas) donde se formaba nata, ¡puaj!, con Cola Cao. Luego pasé a leche desnatada, que sabía menos a leche, calentada en microondas con Cola Cao. También me empezó a dar no sé qué y comencé a tomar lo mismo solo que frío. Y luego ya no me gustaba la leche desnatada con Cola Cao ni congelada. Pero descubrí el Cola Cao comercializado en botellitas ya hecho con la leche y eso ya me gustaba. Así que yo desayuno Cola Cao en esas botellitas.

El nene desayunaba leche sola caliente. Luego leche sola fría. Más tarde desayunaba leche fría con Nesquick, que es lo que tomaba su padre de pequeño, y después le di a probar leche con Cola Cao, que es lo que yo desayunaba de pequeña, y le priva (si es que no hay color…)

Así que a día de hoy el nene desayuna leche fría con Cola Cao… a no ser que vea mis botellas en la nevera. Entonces no quiere otra cosa. Y, claro, mal, vamos mal. ¡¡Son mías!!

Pero El Cachorro no sabe que su padre es un personaje muy cuco. El Señor de las Bestias ha rescatado una de esas botellas vacía y la rellena con leche con Cola Cao que ha hecho él en un vaso. Y se la da al enano. ¡¡¡Y pica!!! ¡¡Jaaaaaaaaaaa!!

Niño

Me ha parecido buenísimo. Y me ha recordado a algo parecido que hizo mi madre conmigo…

Era ya la época en la que estaba dejando de ser una cría y mis amigas comenzaban a ponerse traje de baño entero en vez de braguita para ir a la piscina. No solo eso, en vez de comprarse la ropa en tiendas de niños, se la estaban empezando a comprar en tiendas de adolescentes.

Yo me empeñé muy mucho en tener uno de esos bañadores enteros aunque no tuviera nada que tapar. Y lo quería de la tienda de moda de Pamplona, no de la que mi madre siempre me llevaba y que tenía vestiditos de flores y abrigos con botones dorados con nudos marineros.

Y vino un día mi madre a casa con una bolsa de la tienda de moda de Pamplona, de esa tienda donde las más guays de clase se compraban la ropa, y dentro estaba el traje de baño más bonito del mundo: uno con rayas gruesas horizontales blanco y azul marino. Precioso.

Me puse más contenta que chupita. Y llevé ese bañador más a gusto que a gusto. Y tiempo después, bastante tiempo después (que nos conocemos), mi madre me confesó que el bañador era de la tienda de niñas, solo que lo había metido en la bolsa de la tienda de adolescentes.

Yo era sensiblemente (bastante) mayor que mi hijo ahora y caí. Me lo tragué desde el minuto uno.

Está claro que para ser padre tienes que ser un trilero.


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