Tareas

Oye, de verdad, que mi hijo vaya al cole implique que yo no pare de hacer tareas y deberes, muy de recibo no me parece, ¿eh? Más que nada porque creo que con trabajar fuera de casa todas las horas del mundo y más y también en casa y criar a dos hijos ya tengo más que suficiente, que no me da la vida. Pues hale, a la profesora de mi hijo se le ocurre que me aburro, y lo que tengo que hacer durante esta semana es lo siguiente:

• Buscar una foto de un yacimiento arqueológico de la Prehistoria cercano a Madrid, pegarla en una plantilla que nos ha enviado a casa y en la misma hacer que El Cachorro escriba el lugar donde se encuentra y el periodo prehistórico al que pertenece.
• Coser (¡coser yo!) una tela que nos ha enviado para hacer un disfraz de hombre prehistórico.

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Menos mal que al padre se le da bien la aguja…

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• Para el disfraz, que el crío rellene en otra plantilla las medidas de la tela, los colores y tal.
• Hoy me llega también un hueso que mi hijo (o sea, con mi supervisión e ideas, o sea, yo) ha de decorar recortando papelitos y pegándolos. Luego le hemos de poner un cordel en un lugar determinado y mandarlo de vuelta para que con eso se decore la clase.
• Tenemos que preparar un trabajo que el crío tiene que exponer en clase. Por suerte no ha sido “La relación de la pintura de Paul Klee con la Prehistoria”, como le ha tocado a algún compañero (lo juro), sino “Diferencias entre el modo de vida prehistórico y el de la actualidad”. El trabajo tiene que, preferiblemente, no limitarse a ser un trozo de cartulina con letras y dibujos, sino algo más creativo. Se expone el 29 de febrero y valoro, en ese tiempo, hacerme genetista, extraer el ADN del hueso de un mamut y clonarlo para que mi hijo aparezca con él de una correa, a ver si le parece lo suficientemente original.

Además:

• Que no se me olvide mandar el próximo día al crío con un paquete de toallitas húmedas y otro de pañuelos de papel.
• Que el día que le toque llevar de almuerzo lácteos, sea uno que él pueda abrir porque la profesora pasa de hacerlo ella y si no el crío se queda sin beberse el Colacao.
• Que el sobre donde nos envió una de las numerosas plantillas a rellenar que nos manda, lo devuelva.
• Que lo devuelva pero no en cualquier bolsa, sino en la de tela blanca que también nos ha mandado a casa para que lavemos. Por cierto que ya es el tercer lavado, he tenido que volver a pintar…

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(Pone “Simón”, no sé si os percatáis).

Tantas exigencias te lo juro que me están tocandico la moral, fíjate tú por dónde.


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