Sustazo

Estoy intentando trabajar como una loca. Pero con el pequeñito pululando, es prácticamente imposible. Quiere estar conmigo, jugar conmigo, que le acompañe a hacer cosas, con lo que me coge de la manita y me tiene de aquí para allá. Yo intento maniobras de distracción como abrirle un cajón entero de juguetes. En efecto los saca. Todos. Los desparrama. Pero demasiado deprisa. No resulta suficiente…

Consigo que se duerma una siesta con el bibe. Pero sus siestas son bastante breves. La de hoy también. Un suspiro. Vuelta a los juguetes. De nuevo se cansa rápido y ahí está, pidiéndome que lo suba a mis piernas y que le haga cosquillas y volteretas y que le deje tocar el ordenador… Después de un rato colmando sus necesidades lúdico-afectivas, me vuelvo a zafar de él.

Cuando desaparece del cuarto de estudio, respiro un poco. “Qué bien, que se entretenga por la casa”. Pero la tranquilidad me dura poco, porque si no lo oigo, malo. Alguna trastada está pergeñando… Y, tal y como presiento, me asomo al salón y lo localizo, calladico, en pleno destrozo.

niño

En esta ocasión era papel de cocina, así que nada grave. Pero le pongo cara un poco como de que sí lo es porque hoy le ha dado por eso, pero en otra ocasión, por cualquier otra cosa con una carga de valor importante.

Como tengo que seguir currando, procedo de nuevo a intentar dormirlo con su puré en el bibe. Parece que lo engaño, pero no se duerme, porque enseguida huele mi comida y le parece muuuucho más interesante que su puré de verduras. Así que me gorronea medio plato. Luego, vuelve a pedir su bibe y, ¡sí, bien!, es signo inequívoco de que tiene sueño. Lo acuesto en el carrito, que coloco enfrente de mí para que me tenga a la vista, pongo las canciones relax de Spotify, y continúo trabajando esperando a que caiga. Pero no cae. Como se pone nervioso con las cinchas de la silleta, lo suelto y lo llevo a la cuna. En la habitación le abro la ventana, que el ruido de la calle y la brisa le ayuda a conciliar el sueño, y me voy. Pero que no hay tu tía. Lo oigo lanzar gritillos, quejarse, llamarme… En realidad da tanto por saco porque tiene sueño. Pero como no le dé un garrotazo…

Me doy, voy a sacarlo y lo suelto por la casa. Vuelvo al ordenador y, pronto, me doy cuenta de que he podido escribir tres párrafos seguidos. Y eso es inaudito. Paro y presto atención. No solo no veo a Don Bimbas, sino que no lo oigo. Debe estar haciendo otra maldad de las suyas.

Me levanto de la silla y salgo a buscarlo, pero con sigilo, porque si por alguna casualidad no está más que jugando, sin estropear nada, no lo quiero distraer. Si me ve, estoy perdida. Así que, lo dicho, voy de puntillas habitación por habitación. PERO… no lo veo. Ni aquí, ni allí, ni en ningún lado.

“No puede ser”, me digo, “tranquila, tiene que estar”. Me pongo a repasar todas las habitaciones, con el corazón un tanto agitado. Porque no podía ser que no estuviera en ningún lado, pero lo cierto es que no aparecía. Ay, madre, ¿¡¿dónde narices está?!? ¿¡¿Qué ha ocurrido aquí?!?

Se me tensiona todo. Vuelvo a recorrer la casa. Me asomo a silletas por si se ha subido allí, inspecciono armarios por si se ha metido dentro, abro puertas que suelen estar cerradas, como las de los baños, porque tiene la manía de tirar cosas al inodoro, me aseguro de que ninguna ventana esté abierta… Y nada. ¡NADA!

Se ha esfumado.

Hasta que, por fin, se me ocurre un último sitio…

cama

Y aquí está. Tan a guuuuusto.

cama

Jamás. JAMÁS se había quedado dormido en este lugar.

niño

Me voy callandico para no despertarlo.

RESPIRO.

2 pensamientos en “Sustazo

  1. Hola Amaya!!! Me ha encantado tu relato, como todos. Cada día es lo primero que leo con el café. Tengo dos niños de 4 y medio y 2, y desde que te descubri hace más de un año, devoro tus escritos ;). También tengo parte navarra, aunque me faltatu buen humor y tu saber llevar la maternidad. Lo dicho, enhorabuena. No he podido menos que registrarme… Sigue así, aunque en la sombra, a mi me ayuda lo que cuentas. Un cariñoso saludo

    • Madre mía, qué mensaje más bonito, cuasipaisana. Me anima mucho a seguir con esto. Me alegra horrores que mi cotidianidad te sirva de ayuda. La maternidad hay que intentar tomársela con humor, ¡porque a diario se te llevan los demonios! ;-D Gracias mil por seguirme y espero continuar acompañándote en el café. Un besito.


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