Soy un ogro

A mí los niños se me están desmandando y tengo que empezar a atajar ciertos comportamientos.

Sin título

El Cachorro está adquiriendo la mala costumbre de reaccionar a todo lo que hay de cena que no sean espaguetis con un puaj. Hay pollo, puaj, hay brócoli, puaj, hay puré, puaj, hay guisantes, puaj y puaj, y así. Y me pongo mala.

Luego tiene otro hábito, que es hacerme enfadar y, al echarle la charla, mirarme como quien mira el ciclo migratorio de la avutarda en La 2, y seguidamente hacerme algún tipo de burla, que suele consistir en espetarme un “¡ba!”, o un “¡pa!”, lo que sea, en mi cara, en plan gracioso. Y me hace cero gracia.

Hoy ha aunado ambas cosas. Le digo lo que hay de cena, encima con tres cosas a elegir, y él ha determinado que todas son puaj. Me pongo a su altura para mirarle seria a los ojos y explicarle (otrrrrra vez) que la comida no es puaj, que eso no se dice, que a ver de qué va, que hay gente que pasa hambre, para que el señorito diga que lo que hay es puaj, que yo me he molestado en cocinar, después de que me mato a trabajar, que no paro en todo el santo día, para que él me venga con que lo que hay es puaj… y me mira con cara de payaso y me hace “¡ba!” en toda la cara. Mira… ha empezado a subirme la temperatura cosa mala. “Ojo, monicaco, con hacer eso, a ver si te vas a ir a la cama sin cenar”, y el otro… “¡ba!” Again. En una peli yo sería un contador de presión a punto de estallar. “¡No estoy para bromas, como vuelvas a hacer eso, te quedas sin cenar, y se acabaron ya los puaj y las burlas, a ver qué te has creído!” ¿Y qué pensáis que ha hecho? Pues ha hecho: “¡Ba!”

“¡¡SIN CENAR!! ¡¡Venga, a lavar los dientes y a la cama!!” Y entonces ha venido el momento “noooo, nooooo, tengo hambreeeee”. Pero ya era demasiado tarde. Le he dicho que estaba advertido, y que siempre anda pasando de todo, y siempre poniéndonos al límite, y que ahora ya se iba a enterar de qué iba el asunto, y él me ha dicho que no me quería.

Su padre se lo ha llevado al baño para cepillarle los dientes. Él lloraba y lloraba. Le ha debido de decir algo para que se congraciara conmigo. Y en esto que aparece en la cocina, donde yo estaba, con cara de cordero degollado:

“Mamá, perdona por decirte que no te quería”. Sí, muy mono. Le he dado las gracias y le he dado un besito. Pero le he dicho que seguía sin cenar. Y además el enfado no se me ha pasado: “¡Es que no te quedas sin cenar por decirme que no me quieres, te quedas sin cenar porque siempre te parece todo puaj y porque no haces caso y te burlas y se te dice que no lo hagas y lo haces!” Coño, es que no sabe ni por qué está castigado.

Bueno, pues a la cama que se ha ido. Por cierto, que el peque, que ese sí que pasa de lo lindo de mí y hace lo que le sale del pie y, como siempre, no ha querido cenar, también se ha ido a la cama, pero sin biberón: “Porque tú, jamás cenas, y te alimentas de biberón, y no puede ser. El bibe solo después de que hayas cenado algo, al menos tres tenedores de comida con funamento, ya está bien”.

Sin título

Tenía a los dos pimpollos sentados en sus camas, mirándome con cara de súplica. Y yo impertérrita.

Me he ido, pero seguidamente se ha sucedido una serie de viajes a su cuarto. Cada dos por tres, El Cachorro, con voz lastimera: “Mamaaaaá, veeeeen”. Iba y es que tenía mucha hambre. Regresaba al salón y me volvía a llamar, e iba y es que no lo iba a volver a hacer.

Por esto, ¡por esto no he levantado el castigo! El Cachorro no sabe que a puntísimo he estado de hacerlo. Aprieta un pelín más y lo consigue. De hecho le he dicho a su padre que me iba a levantar y le iba a dar de cenar. Pero él no me ha animado, “ahora ya, hija…”. Así que me he mantenido. Todas las veces que iba le hablaba con mucho cariño explicándole por qué había sucedido eso. Pero no lo he levantado.

Finalmente se ha dormido. Luego nosotros.

A eso de la tres de la mañana, oigo a El Cachorro desde su habitación, llamándome bajito: “Mamaaaá, mamaaaaá, ¿me oyes, mamá?” Me ha despertado, claro, y le digo: “Sí, hijo, ¿qué quieres?” “Que te quiero”.

Y me he echado a llorar.

4 pensamientos en “Soy un ogro

  1. !Amaya! te he leído hoy 20 de junio de 2018

    He llorado imaginando esos momentos y esa madrugada ☺

    Me encanta tu Blog, gracias por compartir tus aventuras.
    Un saludo desde la ciudad de Panmá

    • ¡Muchas gracias, Daysi! Los críos hacen vivir momentos muy extremos y muy intensos. ¡Qué bien que mis historias lleguen hasta allí! Me encanta que comentes. Un abrazo.


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