Síndrome de Diógenes

El Cachorro trae de la calle un cacho roto de algo. No es la primera vez.

– ¿Qué es eso?
– Para que parezca que sea una pala rara.
– ¿Para qué quieres una pala rara?
– Para jugar con ella.

Lógico. Pero ahora danzará por casa hasta que me canse y la tire. Que me conozco yo el percal y a mí misma, pues no es la primera vez que me las tengo que ver con cachos rotos de cosas. Y luego El Cachorro preguntará por ella y tendré que inventar algo o hacerme la loca.

Después, me viene con un rotulador en la mano. Es uno que perdió la tapa hace tiempo.

– Este rotulador está seco, ¿lo tiro? – me pregunta El Cachorro.
– Sí. – le doy permiso.

Lo tira.

No han pasado ni treinta segundos que lo oigo:

– Lo echo de menooooos.

Y coge, va a la basura y lo recupera.

madre 23 (1)

He aquí los dos objetos en cuestión. Que estarán entre nosotros durante mucho tiempo, pues está visto que El Cachorro es una urraca, como yo. Yo es que ni siquiera llegaba a tirar nada a la basura…


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