Rectificar es de sabios

Vuelven de la calle mis hijos con su padre. El Cachorro disgustado perdido. Se ha portado mal y su padre le ha castigado sin irse con el vecinito. “No me ha dado otra oportunidad”, me dice el damnificado entre sollozos. Pero no ablanda el corazón de su padre. Así que se encierra en su habitación. Al poco rato sale, viene a mi habitación, donde estamos el resto de la familia, y le dice a su padre:

– Ya no voy a hacer nada nunca contigo.
– Muy bien. Pues vamos a bajar otra vez con la bici. – Contraataca su padre.
– No quería decir eso.

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Y ha matizado que lo que no iba a hacer es sacarle fotos (ha estado sacando cómo enseñaba a andar en bici sin ruedines a Don Bimbas). Porque a El Cachorro no hay cosa que más le guste en el mundo que hacer cosas con su adorado padre, al que siempre se le ocurren planes que llevar a cabo, sobre todo, el cuco de él, cuando le amenazan con no ajuntarle más…


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