Raro proceso cromático capilar

Hace un año mi bebé no tenía casi pelo. El poco que tenía, parecía claro, pero la tonalidad cambiaba según le diera la luz. No había forma de presagiar la rubiedad de la que hace gala actualmente.

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Como siga con esta evolución, es probable que el año que viene se me vuelva albino.
Tengo mi teoría al respecto: Yo creo que es rubio por lo que yo suspiré toda mi infancia y pubertad por haber sido rubia. ¡Cómo suspiraba viendo melenas doradas! Me quedaba embobada, embelesada. Siempre me han llamado mucho la atención. Y soñaba que una energía extraterrestre me elevaba de la cama mientras dormía y transformaba mi pelo negro (y generalmente corto, que así me lo hacía llevar mi madre) en una magnífica melena larga rubia, o que el mismísimo Dios me cogía y decía algo así como: “Perdona, contigo me he confundido”, y desprendía mi cabellera azabache para dejar salir la verdadera, rubia y luminosa a más no poder, puesto que hasta rayos de sol salían de ella. De verdad que para milagros, pasaba de que se solucionara el hambre en el mundo. Mi pelo tenía prioridad.

 

Y, sí, yo era una niña con demasiada imaginación.

 

En cualquier caso, como os digo, yo creo que este niño no es rubio porque su padre lo fuera de pequeño (incluso lo era más). Es rubio por las ganas que tuve yo de serlo.
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Lo de que me hice periodista porque en mi casa lo de ser actriz como que no, y pensé: “¿En qué carrera universitaria puedo hacer el payaso?” no os lo había contado, ¿no?

 

Actriz. Otra asignatura pendiente. Así que en cuanto a deseos heredados, creo que el rubio apunta maneras.


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