Qué pacieeeeeeencia

Mira, de verdad, hasta la coronilla de los cabreítos de Don Bimbas. Ya está, ya se ha vuelto a cruzar porque lo hemos bajado de una atracción, más que nada porque se han bajado todos los niños del grupo con el que estamos para ir a otra.

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“Ahí te quedas”, le digo. Y, en su línea, ahí se queda. Demostrando su disconformidad de manera ostentosa, tiradazo en el suelo con el mayor enfado, anímico, físico, dramático y facial, que es capaz de mostrar.

PEEERO, no contábamos con El Cachorro. El Cachorro no puede soportar que dejemos atrás a su hermano.

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Ni lo puede permitir. Así que me boicotea todas las lecciones que le quiero dar a Don Bimbas.

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Y me lo trae. Y el otro deja ver ostensiblemente que es en contra de su voluntad. Es decir, se deja llevar por su hermano mayor, pero sin ayudarlo demasiado. No es taimado ni nada.

El Cachorro se merece un monumento.


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