Premio a la paciencia

El cristo que me ha montado el canijo este en el Vip’s ha sido sideral. Y yo sola intentando darle un puré que ha acabado en su ropa, en la mía, en el restaurante entero… menos en su boca. Gritos, rabietas, lloros… Qué garganta, qué alboroto. Tanto, que se ha acercado una camarera a traerle no uno, ni dos, ni tres, sino cuatro chupachups… que adivinad para quién han sido… ¡Hombre, a ver! ¡La que se los ha ganado con su santa paciencia soy yo! ¡Tengo que tener mi recompensa!

Niño

Y solo hay una cosa de todo este episodio que no perdonaré a mi hijo: haberles pegado tal manotazo a los chupachups que han salido volando y se haya perdido uno.

Niño


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