Poder

Oy, oy, oy, oyoyoyoy, quéfantástico, quéemoción, lo que acabo de descubrir… Resulta que con cada té o café que hemos pedido nos han dado una galleta. La galleta en sí me ha parecido que estaba muy buena. Y claro, me ha sabido a poco. Pues bien, se me ha ocurrido UTILIZAR a mi hijo:

– Cariño, acércate a la barra y le dices al señor que si te da una galleta, ¿vale?

Y el crío, deseoso de resultar útil, ha salido disparado y se ha puesto a hablar con el camarero. Tenía mis dudas acerca de qué le estaba diciendo porque todavía al canijo no se le entiende muy bien. Y, siendo el primer recado que hacía, tampoco las tenía todas conmigo de si iba a saber ejecutarlo o no. Pero sí. Veo al camarero que le larga tres galletas y el nene vuelve a nuestro sitio todo contento, entregándome el botín.

Claro, ¿quién le niega algo a un simpático niño? ¡¡¡QUÉ DESCUBRIMIENTO!!!

Niño

Ay, por favor, ¡¡¡¡esto es una mina!!!! Pufff, ahora con la excusa del crío, ¡¡me voy a poner morada!!

Esta es, definitivamente, otra de las ventajas de tener hijos.


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