Pobre piojo

Le pesca su padre un piojo en la cabeza a El Cachorro. “¡Oooooh, no lo mueras, pobrecito!”, se compadece. “Lo echaran de menos su papá y su mamá”.

Claro, a fuerza de humanizar por mi parte hasta a las hormigas, para que no se le ocurra pisarlas, con mis “si la matas la buscará su mamá y se pondrá muy triste” y tal, me ha salido de un ecologista que tira de espaldas.

bebe

Por cierto, no es por nada, porque ya sabemos que los piojos no discriminan y que no se instalan precisamente en cabelleras sucias, sino todo lo contrario. Pero resulta que jamás he tenido piojos y pensaba que lo mismo mi hijo heredaba esta facultad y se libraba, aunque las madres de sus compis de clase ya estuvieran advirtiendo de una posible plaga. Y, hala, coge su padre y le pilla uno.

Aunque… ¿¿UNO?? ¿¿Solo uno?? Saltó la alarma y ya el Señor de las Bestias fue a saquear una farmacia. Se dejó ahí la herencia de sus hijos. Champú, aceite de árbol de té, liendrera… Y, ¿sabéis qué? Que jamás hemos vuelto a verle nada en la cabeza a El Cachorro. ¿¿Seguro que sería un piojo?? ¿¿Uno solo, ahí despistado?? Aaaay, Señor de las Bestias, que te has canteado, que te han dado mosquito por piojo…


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