Plan de hoy: pediatra

Esta ha sido otra noche como las demás. Esto es, terrible. Y quizá un poco más.

Don Bimbas no ha dormido bien en su vida. Es una mosca cojonera nocturna. No concilia el sueño si no es pegándose un chute de biberonazo con bien de cereales y Cola-Cao. Pero es que normalmente hay que volver a preparárselo a mitad de la noche. Y hay veces que se mete tres entre pecho y espalda. Luego esta tripota que tiene, claro…

Él normalmente empieza a quejarse de 1.30 a 2:30 h de la madrugada. La segunda sesión suele ir de 4:30 a 5:30 h. Ideal, vamos.

Pero en los últimos tiempos la cosa no se soluciona con un biberón. Llora y no sabemos qué quiere. Está incómodo, inquieto. Le noto la piel rara. Se rasca. Supongo que es piel atópica o algo así.

El Cachorro, por su parte, no da ni de lejos tanta guerra. De hecho, ¿recordáis?, es el niño que todo lo ha hecho bien desde que nació. Dormir un montonazo, comer genial, quitarse el pañal y ni enterarnos…

Claro que hay veces que también quiere aportar su granito de arena a las noches estas tan moviditas que pasamos. De vez en cuando se pone a lloriquear y es porque tiene ganas de hacer pis. Yo le grito desde mi habitación: “¡Pues levántate y ve al baño, hijo!” A veces él se levanta y va ya sin que nadie se lo diga.

Pero esta noche no ha sido algo tan simple como ganas de hacer pis. Esta noche ha empezado a llorar y a quejarse. Le dolía el oído derecho. Me ha costado un mundo, ibuprofeno mediante, que se calmara. Don Bimbas, por su parte, ha llevado a cabo el programa de todas las noches, ¡como para fallar!, y cuando El Cachorro ya estaba neutralizado, ha cogido el relevo y, tras unas cuantas vueltas, ha acabado en mi cama.

Pero aunque así lo parezca, después de este rollo recurrente, pues cuento lo mismo una y otra vez (me sirve de desahogo), la entrada no va de las noches. Va de la mañana siguiente a esta noche que os cuento. Porque resulta que he llevado a ambos al pediatra.

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Había un señor mayor nuevo. Revisa a Don Bimbas, dice que le pringue de no sé qué cremitas en el cuerpo, y que va que chuta. ¿Diagnóstico? Nada claro.

Revisa al otro, a El Cachorro, le cuento que suele sufrir de dolor de oídos, que esta noche se quejaba del derecho, y cuando termina de examinarlo, coge y suelta: “Ah, mira, pues sí. En el oído derecho tiene otitis. Por una vez tenía razón el muchachito”. Y venga repetir: “Esta vez tenía razón”. Hasta que yo he tenido que decir: “Suele tener muchas veces razón”.

Este… ¿¡cómo que “por una vez tenía razón”!? ¿¿Lo conoce usted de algo, acaso?? ¿¿Le ha visto en alguna otra ocasión?? ¿¿Qué le hace pensar que no la tiene normalmente?? ¿¿Cree que venimos aquí para pasar el rato o qué??

Vamos, que me ha caído muy bien.

Y mucho me temo que nos vamos a encontrar varias veces… Porque parece que Don Bimbas, es más bien Don Pupas. Este se coge en un mes lo que El Cachorro en los cinco años que tiene. Di que Don Bimbas no tiene pinta de enfermizo ni es un niño mustio ni apagado ni débil. Pero se pilla una detrás de otra.

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Cuando acabamos de superar una semana de antibiótico y Ventolín, por estar lleno de mocos, se pilla una laringitis que hay que tratar con corticoides. Solo dos días después volvemos porque por la noche se ha puesto a vomitar y tenía una fiebre de narices. Y así.

La aventura de ser padre, decían. Anda que… ¡¡menudo timo!! Tengo amigas que pueden ir a hacerse la manicura. Yo paso el rato en la sala de espera del pediatra, preguntándome si nos tocará la de siempre o el señor mayor dubitativo…


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