Piernas con cambios de humor

Nos vamos El Cachorro y yo a pasear por la playa. Es un poco calvario porque no das tres pasos seguidos sin tener que parar a hacer una albóndiga de arena o a destrozar el castillo que alguien ha hecho en la orilla o similar. Pero logramos irnos lejos.

A la vuelta, el peque se me rebela. No quiere caminar más. Que le duelen mucho las piernas. Mucho, mucho dolor. El numerito está tan logrado que casi me convence. Hasta que consigo arrastrarlo hasta unas rocas. Ahí escalamos, saltamos…

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Pasamos el gran rato, y cuando pienso que el padre de la criatura se tiene que estar preocupando por nosotros, le digo que se baje, que tenemos que volver ya. Y dice que ni hablar.

– Pero ¿no te dolían tanto las piernas?
– Pero ahora están contentas.
– ¿Ahora están contentas? Pero llevamos mucho rato aquí, tenemos que volver.
– No, porque están un poco contentas pero aún un poco tristes.

¿No es DEMASIADO cuco, el tipo?

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Lo que no me he tragado es que estuvieran cansadas para volver al campamento base. Ha tenido que apechugar.


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