Pérdida de diente

Llevaba El Cachorro un par de días moviéndose el diente con la lengua, que daba grima total.

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Y muy preocupado por si comía y se tragaba el diente. “Pues si te lo tragas, ya saldrá, hijo, no te preocupes”. Pero andaba intranquilo.

Esta mañana, para colmo, de merienda, en vez de ponerle un bizcocho, o un sándwich con pan Bimbo, cojo y le preparo un bocadillo con pan de ayer de jamón y queso.

– ¿Bocadillo con pan? ¡Nooooooo! ¡Se me va a caer el dienteeee!
– Pues vamos con prisa, hermoso. No me da tiempo a hacer otra cosa.
– ¿Y si me lo trago?

Total, que hemos ido al cole y, por la tarde, voy a verlo jugar a tenis, que hay jornada de puertas abiertas. Y en esto que me fijo… ¡y no tiene diente!

– ¡Simóóón! – le grito – ¡Se te ha caído el diente!

Viene corriendo para que lo vea más de cerca.

– ¡Síííí! ¡Se me ha caído mordiéndole el culo a Rodrigo!

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O sea, de verdad. No mordiendo el bocata, no… ¡mordiendo un culo! ¿Cómo es posible que no tenga hijos normales? ¡Es que me dan literatura de más para el blog! Porque me corto, pero podría colgar doble post al día.

Luego me enseña la genialidad de su profe. Se ha encargado de que mi hijo no perdiera su diente (él tenía ese miedo, yo tenía ese miedo y su profesora, que es plenamente consciente de su despiste, tenía ese miedo).

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Y la nota es estupenda.

Esta noche habrá visita del Ratoncito Pérez…


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