Oda al sufijo

Don Bimbas todavía no habla. Como mucho dice, muy mal dicha, alguna palabra. Pero se maneja divinamente.

madre 25 (1)

Bueno, y miento, eso de que no habla… Habla, pero no se esfuerza demasiado. Él se apaña con las terminaciones de las palabras y cree que con eso es más que suficiente. Así te pide, por favor, “avó”, que le pongas las “tillas” (zapatillas), los “tines” (calcetines), o, ya el colmo de la vaguería, te pide “tata” y ya, por el contexto, tienes que adivinar si se trata de una patata o de una pelota; utiliza la misma palabra para dos cosas distintas.

Puedo hablar también de todas las sílabas con la te con las que estructura todo su vocabulario: “Ti” (sí), “tita” (quita), “titi” (bici), “tatá” (galleta), “tilla” (silla), “toto” (roto), “tata” (pelota y patata, como he mencionado), “tete” (coche), “tito” (besito) o “tuto” (susto). Por suerte esto le permite pronunciar perfectamente el nombre de su padre. Tato.

Y, oh triunfada, ya no solo me llama “Aya” (Amaya), sino que también ahora me dice “ami” (mami). Menos mal que se va enterando del lugar que ocupo en su vida. Por cierto que su padre, cómo no, aparte de “papá”, es “api”.

Es, claramente, un niño de sufijos.


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