Obediencia inexplicable

No me lo explico. No sé cómo lo hacen. Es que me quedo “aluciflipando” (término que escuché el otro día a un gay en un programa televisivo cultural: “Quién quiere casarse con mi hijo”). Voy a recoger a Don Bimbas al cole, y me coloco en la cola de los padres. Tenemos que ir por orden hacia la puerta, cada uno enseñando el carné de nuestro hijo, la profe dice su nombre y el pequeño en cuestión sale. Siguiente.

El caso es que desde fuera yo ya veo a Don Bimbas. Y Don Bimbas me ve a mí. Ese pequeño ser que hace en la vida lo que quiere sin necesidad de pedir permiso, sobre todo cuando algo le hace una terrible ilusión, como en este caso verme.

Atención ahora: él me ve y sonríe que me lo como y me hace así con la manita. Yo también le saludo con la manita y también sonrío que parezco El Joker (es que no sé a cuál de los dos nos hace más ilusión vernos) … pero él NO SE MUEVE. Está sentado, formal, esperando su turno.

Se muere de ganas de levantarse y correr hacia mí. Pero ESPERA SU TURNO. Ni el amago hace. De lo más formal.

madre 23 (1)

(Foto del niño con dos caras).

En serio, ¿¡cómo lo consiguen!? Lleva tres días en el cole y ya tienen más éxito que yo en dos años y nueve meses. Y eso que soy una madre poco laxa. Tengo referencias de algunas muy lánguidas que no pueden con sus hijos y no son capaces de hacer que dejen de dar por saco. Yo no soy de esas. Yo soy de las que si no se saben comportar como deben (por ejemplo, dejando de mover o tirar objetos de la casa de otra persona, o de saltar con los zapatos puestos en su sofá), los agarro, les riño y, dependiendo de su reacción, me los llevo. Soy de las que cumplen amenazas. Soy de las que me preocupo de que no me tomen por el pito del sereno (aunque lo hagan, pero no les sale gratis).

Es decir, jamás me veréis: “Fulanitoooo, ¡Fulanito!, suelta eso, ¡suelta eso!”, Fulanito se le ríe a la cara, no solo no suelta eso, sino que coge otra cosa, y la otra se da la vuelta y se lamenta a su amiga “hija, ni caso me hace…” y sigue con el café.

Pues bien, no me explico cómo yo tengo que andar gestionando pollos sin parar, cómo tengo que estar luchando todo el rato, que estoy agotada, cómo ando discutiendo, y en el cole al indómito Don Bimbas lo tienen totalmente bajo control.

¿QUÉ NARICES ESTOY HACIENDO MAL?


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