Nombres que NO

Juro que por megafonía he oído “Erik Atila” y “Evan Gabriel” en la sala de espera de urgencias de pediatría.

madre 31 (1)

Eutanasia para los padres, por favor.

No, me da igual que me critiquéis. Que me digáis que no me tengo que meter así con la gente. Que a ver si me pienso que los nombres de mis hijos son los mejores o qué. Me-da-igual. A ver cómo os lo digo… Erik Atila y Evan Gabriel NUNCA.

Vamos, estoy convencida de que esos niños están en el hospital porque se han dado cuenta de cómo se llaman y les ha salido un sarpullido raro por la piel. No me jodas, hombre.

Todo empezó con nombres extranjeros que se acabaron instalando entre nosotros, de manera que ahora los consideramos hasta normales, como “Jennifer”, “Jessy”, “Jonathan”… Esa tendencia no murió. Puede que no se pongan precisamente esos nombres, que hayan pasado de moda, pero ahora das una patada y salen veintisiete “Ethan” (pronunciado “Izan”). Ethan Gutiérrez Pérez, Ethan Calvo Satrústegui, Ethan Moreno Vázquez. Me horripila.

La cosa siguió con nombres cursis y tiernos, considerados modernos y especiales pero que parecen nombres ñoños de mascotas (una amiga mía les puso a sus dos hijas exactamente los mismos nombres que otra amiga mía les puso a sus dos perras -no se conocen entre sí-) o el título de un documental sobre un sitio arqueológico, un mito bíblico o un accidente geográfico de la BBC, y que no pienso reproducir aquí porque, como digo, tengo amigas que han llamado así a sus bebés y quiero que sigan siendo mis amigas (aunque mi concepto sobre ellas haya cambiado ligeramente a raíz de la elección de los nombres de sus retoños).

Pero “Erik Atila” y “Evan Gabriel” tendrían que estar prohibidos. Se debería quitar la patria potestad a esos padres con gusto pésimo. No. Basta. Estas modas van a acabar con los nombres autóctonos. Como cuando hay plaga de cotorras argentinas y se cargan a nuestros gorriones comunes. Son el cangrejo rojo americano de nuestros ríos. Los nombres estos son una especie invasora que va a convertir a nuestros descendientes en unos horteras de tomo y lomo.

Por favor, paremos esto ahora, aún estamos a tiempo. Es un grito desesperado.


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