Nocherrica

Comer en casa de mis padres en Navidad es un placer para los sentidos. Cómo cocina mi madre, ¡cómo! Te chupas los dedos de las manos, los de los pies, los codos (¡y llegas!), ¡todo! Amén de que te alimentas como para no comer en todo el año nuevo.

Madre

Y rezo para que podamos celebrar la Navidad así años y años y años y años. Entre otras cosas, porque sería incapaz de reproducir estas cenas maravillosas. Si tengo que pasar la Nochebuena en mi casa, me veo tirando de Cheetos y turrón. Y no es cuestión.

Eso mi niño no lo sabe. Angelito…


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