No sin mi tet… birra

Ya podía, ya… Así le daría un descanso a mi teta.

niño

Es tremenda la adicción que tiene conmigo. Hasta tal punto, que me da la impresión de que me ha colocado un chip o algo sin que me entere y me tiene geolocalizada. Si vuelvo del trabajo y están mis hijos con su padre en la piscina, y entro en el recinto, no de la piscina, sino de la urbanización, Don Bimbas ya se pone negro. Empieza a decir «¡ah, ah, ah!», a mirar en la dirección desde la que voy a aparecer, y a estirar los brazos. Los vecinos lo flipan: «¡Te huele a kilómetros, tú!» El Señor de las Bestias: «Es increíble. Te ha visto a lo lejos y te ha seguido con la mirada todo nervioso hasta que has llegado», me explica cuando ya tengo al gumersindo colgando del pecho…


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