Niños en IKEA

Hola, soy la animada que se va sola con sus dos hijos pequeños a IKEA de compras. Yessss.

Mis hijos son movidos, y no muy obedientes (El Cachorro cada vez menos, maldición).

Si El Cachorro hace algo que está mal, ten por seguro que Don Bimbas va a ir detrás a hacerlo. Aunque entre medias yo ya haya advertido de que eso, no. Lo primordial es hacer lo mismito que su hermano. Así que tengo que andar vigilando que no propinen una patada a nadie…

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(Aquí Don Bimbas emulando a la de la tele, que es una especie de Eva Nasarre de IKEA)

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(Aquí El Cachorro haciendo una exhibición). (Fijaos en el sillón de atrás).

… que no tiren nada de cristal cuando sueltan los carritos que les he tenido que coger a cada uno para hacer carreras…

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… y también avergonzándome cuando en un descuido se suben a un colchón y una dependienta les llama la atención: “Niños, a los colchones no os subáis, y menos con zapatos”.

Así, el recorrido por la laberíntica tienda se alterna con momentos divertidos…

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“¡Aaah, soy un precio, cómprame, cómprame!”

… seguidos de otros muy tiernos…

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(Se los quería llevar sí o sí)

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… de otros estresantes…

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(“¡Pi! ¡Piiiiiiiiiiiii!”, grita Don Bimbas. El tío meándose y tú en medio de la nada, con el baño más próximo a tres kilómetros. Cuatro, si te pierdes).

… y otros desesperantes, cuando ambos deciden sentarse en TODOS los salones que encuentran a ver la tele o cuando el pequeño pone en marcha su performance diaria de sentarse en el suelo y no querer moverse porque se ha contrariado por algo, que bien puede ser que se le ha cruzado una mosca en su camino.

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En fin, que llegas a casa molida y te topas con tus vecinas que te dicen: “¿Pero por qué nunca haces deporte? ¿Por qué no te animas a apuntarte al gimnasio con nosotras?”, y a ti te entra la risa nerviosa.


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