Niños autónomos

Estamos en el bar de debajo de casa y el Señor de las Bestias coge y le da las llaves a El Cachorro y le pide que vaya a casa y que coja una cabritilla, y que la baje adonde estamos.

– Eeeeh, ¿en serio le has dado las llaves de casa a un niño de seis años para que lo acompañe su hermano de tres A COGER SOLOS UNA CABRITILLA Y BAJARLA, SACARLA A LA CALLE Y TRAERLA AQUÍ?
– Sí.

Bien pues.

O sea, tenían que subir, saber abrir tres puertas (portal de fuera, portal de dentro y casa), saber abrir el transportín, saber dominar a una cabra (pequeña), saber ponerle la correa, saber llevarla por el pasillo y por la calle, sin que les diera un tirón y acabara en la carretera… y aparecer los tres sanos y salvos en el bar.

– Igual me he pasado, ¿no? – me reconoce.

Pero El Cachorro solo nos ha llamado del fijo un par de veces, creo que porque no podía sacar la llave de la cerradura de casa. No me he querido enterar mucho cuando a la vez estaba diciendo algo de que la cabra había ensuciado no sé qué y ya me estaba poniendo yo del higadillo.

Y luego han aparecido los tres…

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Ahí los tienes. Jíbalos.

En fin, nada, que hoy con cabra en casa.

No está tomando su biberón. Pero la dejo en la cocina un segundo ¡y mirad la que me ha liado!

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Ha cogido una foto que tengo en el frigo y…

madre 19 (3)

La ha tuneado a mordiscos.

También le ha dado por masticar mi vestido y en cero coma le ha hecho un agujero. Una más y abro el horno. Ella verá.


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