Mini ángel de la guarda

Mientras daba el pecho a las dos de la mañana al pequeño, el mayor se despertaba diciendo que tenía pis. Así que no tenía más remedio que arrebatarle mi pezón a la pequeña sanguijuela y salir corriendo al cuarto del otro para llevarlo al baño.
Una vez hecho el pis, lo llevo a su habitación, lo acuesto y oímos que el bebé se empieza a quejar. ¡Y coge y salta El Cachorro: “Corre, que está llorando lermanito”! Por favor, qué rico es mi niño. Alucinante.

Esperad, que al día siguiente me pongo a cambiar al bebé con El Cachorro de testigo, y se pone a berrear de lo lindo, porque o está en brazos o no está para nada conforme, y le pregunto: “¿¡Pero por qué lloras, hijo?!”, y salta su hermano mayor: “No fades con lermanito, mamá”. Que no me enfade con él. Que no sé, por otro lado, por qué le ha parecido que me enfadaba. Pero ahí estaba el tío, vigilando que al pequeño no se le perturbe de ninguna de las maneras.

niño

Menuda suerte tiene el hermanito con semejante protector amoroso a su lado. El ángel de la guarda del pequeño está buscando trabajo.

Como este blog va con un año exacto de retraso, os puedo adelantar otro episodio que tuvo lugar unos días después, ya en Madrid y con el cole empezado. Antes de salir de casa, esperándole su padre para llevarlo a clase, me viene a dar un beso a la cama, y al volver a la puerta le informa al Señor de las Bestias: “Mami se queda con lermanito”. Por lo visto eso le parece muy bien.

Todo lo que tenga relación con “lermanito” le satisface, aunque a veces pienso que algunas cosas le deben dar rabia, como cuando no puedo jugar con él porque tengo a “lermanito” colgando de la teta, que es constantemente. Pero hoy también, cuando ha vuelto del cole y no podía ni darle la merienda porque andaba con “lermanito” en brazos, lo he dejado en el moisés y se ha puesto a berrear como un poseso, en su línea, y yo le he echado en cara: “¡Pero hijoooo, esto no puede ser, ¡no puede ser!, que no me dejas vivir!”, salta El Cachorro: “No fades con lermanito”. De nuevo. Está al quite total. Es que es un tipo demasiado genial, mi hijo mayor. En cuanto al otro… ¡un llorón redomado!


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