Mi hijo se llama “vamos”

A los seguidores acérrimos de mi blog (alguno habrá, ¿no?) les sonarán esos posts de un viaje que hicimos a Nápoles cuando el nene tenía cinco meses… Recordarán varias entradas que hablaban de una visita a Pompeya, una de ellas acerca de unos japoneses que fliparon con mi hijo. Desembarcaron de un autobús al lado de donde nos encontrábamos, repararon en él, se arremolinaron a su alrededor y lo frieron a fotos. He aquí el momento (había un porrón de asiáticos, pero la risa que nos entró nos hizo reaccionar tarde y solo salen estos).

Niño

El plano contraplano:

Niño

(Ojo a la cara de alucinado del Señor de las Bestias, en el extremo derecho de la foto).

Pues bien, parece que El Cachorro tiene un tremendo tirón entre los súbditos del país del sol naciente y aledaños. Genera una expectación inusual. Hoy, paseando por Pamplona, dos veinteañeras orientales se han quedado prendadas. Se han parado en seco solo para mirarlo (adorarlo, diría yo). Cuando me han oído llamarlo, mirándome y señalándolo han querido confirmar su nombre: “¿Vamos?”

JAAAAAAAJAJAJAA. Estábamos su padre y yo todo el rato diciéndole “vamoooos”, ¡que las dos chicas se han creído que se llamaba así! Es que el canijo se había parado frente al puesto de castañas en el que cinco días antes habíamos adquirido unas.

Foto de cinco días antes (y primera vez que veía ese puesto):

Niño

Foto de hoy:

Niño

(Tremendo, da para otro post… ¿cómo narices lo ha reconocido?)

Y no había manera de que obedeciese. Quería sus castañas sí o sí o no se movía de ahí. Así que “¡vamos, vamoooooosss!”. Y las otras, eso, que si ese era su nombre.

Una vez aclarado cómo se llamaba realmente, se han dedicado a intentar captar su atención. Casi le desgastan el nombre. Pero el pequeño estaba demasiado concentrado en las castañas y no les ha hecho ni caso. Aunque despertar ese interés desmedido le ha debido de cohibir un poco, porque ha terminado moviéndose y viniendo (¿huyendo?), entre extrañado y asustado, hacia donde estábamos su padre y yo.

Niño

Al final las dos muchachas nos han hecho un favor.

(Sí, lo que llevan en los pies son chancletas con calcetines. Están locas estas asiáticas).


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