Mi héroe

“¿Qué queréis para el cumple?”, pregunto a mis hijos, como llevo haciendo de unos días para acá, ahora que acechan sus cumples y la Navidad…

“Un cinturón con bolitas”, dice El Cachorro. ¿Cómo? Esto es nuevo. Siempre dice que no sabe. “Bien”, me digo, “al fin tenemos algo tangible”.

– Pero cómo, el cinturón – necesito pistas.
– Pues un cinturón así, con bolitas por todo.
– Pero… ¿de superhéroes? ¿Las bolitas son proyectiles?
– Nooo.
– ¿Pues cómo, con bolitas?
– Ven, que te lo enseño.

Eso me escama. ¿Tenemos algo parecido en casa? Y caigo. ¡Está pidiendo un cinturón para mí! A mitad de semana le dije al Señor de las Bestias que yo quería un cinturón que sustituyese a uno que tengo, este:

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… que me encanta y lo tengo desde que era adolescente. Así está, que se cae a trozos. Y le cuento que me cuesta mogollón encontrar uno así, que no tienen esta anchura, que son feos, que…

Y todo esto se lo cuento en presencia de El Cachorro.

Así que el cinturón que pide con bolitas es el mío de agujeritos. “Para dártelo”.

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¿CÓMO ES MI NIÑO, POR FAVOR? ¿CÓMO ES?

Yo pensando en si será uno de superhéroes, las bolitas proyectiles… ANDA YA.

Debí haberlo sospechado desde el principio. Cuando me solicita algo y yo le contesto: “Tengo mucho trabajo”, me dice él: “Yo lo voy a impedir. Voy a ir a tu trabajo, me voy a disfrazar de tu jefe y voy a decir que no tenéis trabajo por mil días”.

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Ojalá…

Siempre intenta ayudarme. Siempre está al quite. Siempre quiere serme útil. Si mi vida dependiera de El Cachorro, ¡iba a ser ideal!


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