Me toman el peluquín

Está El Cachorro armado con el móvil de su padre. Me saca una foto. Mira el resultado y salta: “Oh, una foto de la adorable mamá”.

Pfffffjajajajajaa. ¿¿”Una foto de la adorable mamá”?? ¿¿Adorable?? (¿¿Yo??) ¿¿Quién utiliza ese adjetivo, por favor??

Lo bueno es que lo ha hecho con toda la guasa, el tipo. A sabiendas de que el peloteo era máximo y cursi, de que estaba resultando pasteloso total.

Es que los críos te vienen con cada una…

Noto que El Cachorro esconde algo detrás de la espalda. Lo miro y me suelta: “Si no tengo ninguna patata…”

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MUNDIAL.

Sabe que si tiene comida le puede desaparecer rápido estando yo merodeando.

Y hablando de patata… “Di patata”, me pide con mi móvil en la mano. Ya sabéis que sacar fotos no se le da mal, así que yo encantada, ¡con lo que me gusta que me fotografíen! Así que me pongo a posar y todo, él saca la foto, y cuando viene a enseñármela me encuentro con esto:

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¡Me supertoma el pelo! Molt fort todo, me parece.

Y como le ha cogido gusto al tema… no tarda en sorprenderme con otra.

Estamos en la playa y se pone a hacer un surco en la arena. A medida que va avanzando, adivino que quiere unir dos “piscinas”. Pero llega un momento en el que se cansa. Así que me viene y me dice que él ha hecho esto y esto y esto y que haga yo lo que falta, que ya me ha trazado una raya para que sepa por dónde va el surco que llega hasta la otra piscina.

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Mientras, que él se va a bañar.

¿No te jiba, el arquitecto?

Y luego está el otro, que es demasiado espabilado y demasiado aprovechado. Y tiene demasiada gracia.

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En su línea, se relame cuando me ve comer galletas que tienen la mitad recubierta de chocolate. Le alcanzo una, más que nada para quitarme esa mirada de presión de encima. La coge, se zampa la mitad que lleva chocolate ¡y la otra mitad me la devuelve! ¡Qué tunoooooo!

No come, no, pero el dulce, cuanto más, mejor.

Yo, viendo el percal, tomo nota de que uno de los peores castigos (o un castigo que sí le pueda hacer mella, porque generalmente se la trae al pairo todo), es dejarlo sin postre. Así que paso a la acción.

PERO.

Al pequeño lo puedes castigar sin helado, sí. Otra cosa es que realmente no acabe comiendo helado…

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Observad esta foto. Es de una lucha sin cuartel. Habla de dos contrincantes fuertes. Es la pugna del helado definitiva que saldrá en los anales de la historia.

¿Y qué ha pasado? No ha conseguido el helado porque buena soy yo, pero ya ha logrado llamar acaparar las miradas de los comensales. Todos atentos a sus movimientos.

Se ríen de cómo el canijo es capaz de trepar (no han visto nada) a la silla de su padre y de hacer un hueco con su culete.

Iban siguiendo todos los movimientos, en plan “a que lo consigue”, “a que se hace sitio”.

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Y, sí, se lo ha hecho.

Qué críos tengo, ¿eh? Cómo se las gastan.


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