Mano a mano (y diálogos de besugos)

Decido no llevar hoy a Don Bimbas al cole. Creo que con un chute de ibuprofeno podría ir, pero es también probable que me pase lo de ayer, y no quiero. Y además empiezo a currar el lunes que viene y entonces sí que no podré pasar un día de labor en casa con mi chiquitín. Así que se queda conmigo.

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Pero como tengo que trabajar, y a él le va lo de incordiar, le propongo traer su mesita a mi estudio y que trabajemos los dos. Que yo escriba mis cosas en el ordenador y que él escriba su nombre y haga dibujitos. Le seduce mucho la idea.

Traemos su mesa (quería hacerlo solo, pero le he tenido que ayudar, muy a su pesar) y le doy papel y un estuche con algunos lápices.

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Y él, muy concentrado, se pone a dibujar. Decide hacer una carita.

– Los ojos, la nariz, la boca para comer maíz…

¿Comer maíz? ¿De dónde se sacará eso?

– Palomitas de maíz… – aclara. Y sigue dibujando – ¿Lo estoy haciendo bien? – Mientras dibuja las manos.

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– Sí, cariño. Lo único que igual son demasiados dedos, ¿no?
– Y nespués el pelo. – Dibuja el pelo. – Y nespués Pablo Peralta. – Claro, la firma.

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Y, no sé por qué, porque también se lo vi ayer hacerlo, escribe su nombre y luego rodea cada letra.

– Lo voy a hacer de conorines, para ti. Oye, mamá, ¿a ti te gusta de conorines?
– Sí.
– Pues a mí pamién.

Así que procede.

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– Pues no (lo) estoy hasiendo ne (de) coronines.
– ¿Quieres que te saque más colorines?
– ¡No, que aquí congo (tengo) muchos!

Termina.

– ¡Mira, mamá, eres tú!

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Ese monigote soy yo, dice. No sé si tomármelo a bien o a mal.

El caso es que, a mí, que esté aquí conmigo dibujando y retransmitiéndome lo que hace, me está entreteniendo un huevo. Porque, claro, habla y yo, ya que me pilla delante del ordenador, transcribo en directo. Así que, de trabajar, poco. Pero al menos un post sí que saco de esto…

– Y ahora papá – determina con otra hoja en blanco. Y yo me temo que papá y yo nos vamos a parecer bastante…

Abre el armario y se hace con unos rotuladores.

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Aasito (necesito) estos.

Pinta un redondo y dos ojos.

– Este es papá. A papá pamién le gustan ne colorines.

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Dibuja superboca diciendo a la vez: “Chiiiiiiiiiis”.

– Mira, mira papá, chiiiiiiiisss.

Se está esmerando, con su padre.

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– ¡Mira, mamá, papá parece un payaso! ¡Parece devetiro!
– ¿Derretido?
Devetiro.
– ¿De mentira?
– ¡Devetiroooooo! – grita con mala gaita. Ay, que se me cabrea. Ya puedo espabilar.
– ¿Divertido?

Asiente. Uff.

De ahí pasamos a hacer algo parecido a números. Él mismo se dibuja los puntitos para hacer el trazo.

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Pero ya se cansa. Se sube encima de mí. Se me pone mimoso. Le hago unos cariñitos.

– ¿Y ahora qué puedo hasé?

¿Quieres construir una torre?

A mía va a sé mi santo.
– ¿Mañana va a ser tu santo?
– ¡No, a mía va a sé mi santo!

Ya estamos.

– ¿Qué?
– ¡¡A mía va a sé mi santo!!
– ¿Que va a ser muy alto?
– Sí.

Estoy sudando, ¿eh?

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¿Y cómo ha acabado mi pequeño, con tanta actividad? Diciéndome que le dolía la cabeza, que quería “jarabito”. Y se ha acurrucado encima de mí…

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Kaputt. Demasiado esfuerzo.


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