Mañana con el mesías

Hoy tenía Don Bimbas que ir al médico, al traumatólogo, pues lleva tres años con dolores en las rodillas por las noches. Nada, que son dolores compatibles con el crecimiento, que ajo y agua. Después tenía yo médico, así que he decidido que se fumara hoy el cole y que pasáramos la mañana juntos. Tengo mono de hijos, pues he pasado unos días fuera por lo de mi padre en la UCI (ya hoy lo han pasado a planta y va recuperándose, gracias a Dios).

El caso, he FLIPADO del poder de atracción de Don Bimbas. Vale, iba con su chándal de esqueleto que le trajeron los Reyes, encantado, y llamaba un poquico la atención. Pero es que le ha dicho cosas todo el mundo que se ha cruzado con él. Y eso era mucho mundo, porque hemos ido a dos hospitales de Madrid que estaban colapsados (el invierno con la gripe hace estragos). Sin embargo, él estaba tímido y no le ha dado bola a nadie. Pero ha dado igual. Todos en plan “oye, qué guapo eres”, “vaya pelo que tienes, con esas mechas”, “enséñame esa carita tan linda”, “qué disfraz más chulo llevas”… hasta en el súper, estando en el área de las frutas, me ha pedido un guante de plástico y le he dicho que le daría el mío cuando acabara (soy muy de reciclar y poco de malgastar, sobre todo con el plástico), pero ya ha venido una abuela salida de la nada con un guante nuevo que ha cogido para él, para plantárselo en su manica. Es más, cuando, al oírla, me he dado la vuelta, la señora me lo ha ofrecido para que se lo pusiera yo, pero le he dicho “proceda, proceda”, porque estoy segura de que le hacía mucha ilusión hacerlo ella misma. Y eso que ha sacado a relucir a sus nietos. De verdad, son inauditas las atenciones que recibe este crío.

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Ha habido un momento en el que me ha echado uno de sus pulsos. No le he querido dejar un juguetico de su hermano que se ha agenciado y que casi pierde por el hueco de unas escaleras. Se lo he quitado y ya no quería moverse, ni coger el abrigo, ni nada. “Qui-e-ro el muñeco”, todo enfurruñado. Yo le he empezado a amenazar y a realizar la famosa cuenta hasta tres, y él ha tenido que claudicar, pero notaba miradas hostiles alrededor de las casuales espectadoras … ¡hacia mí!

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Este crío podría mover masas, liderar ejércitos. Madre mía, qué carisma.


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