Mamá forzuda

Llegar estos de natación y colgarme sus mochilas en la chepa, es todo uno. Así que, entre las dos mochilas y el bolso, parezco un sherpa.

madre 28 (1)

El próximo día me coloco dos alforjas. Así al menos repartiré el peso.

Yo es que creo que mis hijos se piensan que me pueden colgar cualquier cosa, una mochila, una cazadora, a Montserrat Caballé, y que yo no voy a flaquear ni un ápice. Que puedo ir como el árbol de Navidad de un herrero, lleno de yunques, como si nada.

Por eso no es de extrañar que, si llevo en brazos a mi hijo mayor, que ya pesa lo suyo, y nos ve el pequeño, piense que donde cabe uno, caben dos, y pida ser también aupado. Y tú te sientes Hulk y lo coges y se te destaponan los oídos.

madre 28 (2)

Madre mía, cómo pesan ya los jodíos.

(N. de A. Por favor, mirad cómo vela el corrector de Word por que mi vocabulario no sea el de una barriobajera…)

madre 28 (3)

¡Los judíos! Jaaajajajajaa.

Pero donde verdaderamente demuestro mi fortaleza, es de otra manera.

madre 28 (4)

¿Veis algo extraño? No, ¿verdad? Pues así, queridos niños, es como se lleva una resaca.

Esta foto se la sacaré cuando me vengan bolingas y los vaya a levantar al día siguiente y me manden a hacer puñetas.

Por cierto que estoy ya pensando en cuál será mi método para despertarlos. ¿Utilizaré la sutilidad de mi madre, que se ponía a pasar el aspirador a toda pastilla al otro lado de mi puerta, o me inclinaré por la terapia de choque y les arrojaré un cubo de agua helada en la cara? Hummmm, difícil. Pero ya lo estoy disfrutando, porque las ganas de putear a tus propios hijos adolescentes noto que se transmiten de generación en generación.


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios