A limpio mantecado y otros manjares

No soy una tía de “favoritos”. No tengo un libro preferido, ni una peli que me parezca la mejor de todas, ni un color que me guste más que ningún otro. Nada. Me siento incapaz de elegir. Me gustan varios libros, varias pelis y varios colores. Unos más que otros. Pero no un único sobre todas las cosas.

Menos con las palabras. Tengo una palabra favorita: MANTECADO.

Es ver escrita la palabra mantecado y sus derivados (mantequería, manteca…) y se me eriza el vello. Y salivo más que los perros de Pávlov. Es una palabra contundente, tradicional, que me gusta cómo suena, que tiene un aire de nostalgia, que evoca un trabajo manual, bien hecho y con cariño, que nos traslada al pasado, que describe algo rico, sabroso. La palabra TARTA también me gusta bastante, pero MANTECADO se lleva la palma.

Pues bien, aquí hay un señorito que está probando mi palabra favorita de chocolate, de canela, de coco y de almendra, y le han gustado todas las variantes. Me temo que va a ser otro sin favoritos en la vida…

Niño

Y para acabar de ser como su madre, aquí lo vemos testando otros sabores…

Niño

Parece que los percebes y él se van a llevar bien. Al fin y al cabo son como los chupetes. Y hablando de chupetes…

Niño

¿Qué mejor, para hacer degustaciones? Los lanzas a la sopa/salsa/guiso en cuestión y, hale, a saborear.

Ah, y para ser digno sucesor mío, cómo no, la comida basura también es su perdición.

Niño

Él está de acuerdo conmigo: un cine sin palomitas no es cine ni es nada.


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