Leccioncita

Estamos Don Bimbas y yo en casa, puesto que El Cachorro tiene una extraescolar y no ha llegado aún. Yo tengo que salir a la calle, y me gustaría hacerlo con mi chiquitico:

– ¿Me acompañas a hacer recados?
– ¡Sí!
– Pero eso no lleves.

“Eso” es un dinosaurio y un guante inflado.

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– ¡Sí!
– Que no lo lleeeeves, hazme casoooo.

Ni caso.

– Cariño, yo sí que NO te los voy a llevar. Si te cansas, te aguantas.

Pues se ha empeñado. Solo ha claudicado con el globo. El dinosaurio se venía.

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A los cinco minutos de salir, que si pesa mucho y tal.

– ¿Qué te he dicho? ¡Lo que digo es por algo! Pues ya lo siento, mi vida, pero yo no lo voy a llevar. Avisado estabas. Así aprendes.

Y por mis narices que no se lo he llevado. Más de tres cuartos de hora hemos estado por los mundos, él con su dinosaurio. Intentando endosármelo cada quince metros, hasta que se ha cansado y ha asumido que no valía la pena empeñarse.

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Menos mal que mucho rato lo hemos invertido en hacer la compra en el súper. Ahí el dinosaurio ha estado en el carrito. Y Don Bimbas haciéndome ver lo fuerte que era cogiendo naranjas o la leche.

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No, si lo que tiene fuerte es el carácter. Y la cabezonería. ¡No tiene rival!


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