Lección de vida

Recordáis cómo El Cachorro pasaba olímpicamente de Tico…

Pues han cambiado las tornas. Ahora es el mono el que se hace de rogar.

(Lo que no ha cambiado es el polo del nene… No os penséis que es la “ropa de tocar al mono”, ¡sino pura casualidad!)

Pues eso, que el mono no quiere saber nada, a pesar de que el nene ha incluido su nombre al vocabulario de seis palabras que tiene. “¡Tico!”, ha gritado espontáneamente. ¡Todo un honor! Mono desagradecido, que no sabe apreciar los detalles…
Y ahora, cuando va a verlo, no para de llamarlo. Tico, Tico, Tico. Pero me parece que lo que no le ha quedado claro es que Tico solo es el nombre del mono, porque cuando le han llevado con el kinkajú, también le ha dicho Tico sin parar. En fin, tienen en común que son peludos y tienen una larga cola. Algo es algo.

Pero lo que demuestra todo esto del mono es una verdad absoluta. Tanto en el amor como en la vida, cuanto menos caso haces a alguien, más interés pone en ti. Esto Tico lo ha pillado enseguida.


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