La secta de las palomitas

Tenemos a otro palomitero en la familia.

El pequeño puede que sí tienda a llevarse cosas a la boca, pero rara vez repite. Ya conocéis lo poco amigo que es de comer en general. Así que curiosea, prueba, pero no pasa de ahí. ¡AAAA-MIGO! Con las palomitas la cosa cambia.

niño

Le partí un cachito de una para que la probara… y un nanosegundo después se lanzaba en plancha al cubo. Y, claro, la competencia era tremenda, porque tanto su hermano, como su padre, como yo, andábamos metiendo la manaza y cogiéndolas a puñados.
Menuda pugna.

Ir al cine cada vez nos va a salir más caro.


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