La liga de la justicia (o de la pena)

Lo de que El Cachorro es un sensible de cuidado y que tiene un corazón que no le cabe en el pecho ya lo he contado muchas veces. Pues he vuelto a tener otra muestra.

madre 19 (1)

Resulta que la chica que cuida de mis hijos se va. Así que ando buscando sustituta. Bueno, mucho, mucho, no busco. He entrevistado a una chica jovencita y la que se me va me trae a otra mayor. Ninguna de las dos me entusiasma, ni la que he entrevistado yo ni la que me propone la chica, pero me inclino por la joven. Solo que ella hace campaña por la mayor, y además dándome pena, que si necesita mucho el trabajo, que si tal y que si pascual. Total, que ando en un sinvivir, que no sé por quién inclinarme.

Es conocida mi indecisión. Soy terrible. Pero de pasarlo mal. Así que decido consultarlo con El Cachorro. Como ha visto a ambas, a ver quién podría preferir.

BUENO.

Que la mayor. No, que la joven. Que… ¿pueden ser las dos? ¿No? ¿Por qué no? Aaaaayyyy, ¡no sé quién! ¿Si digo una la otra se queda sin trabajo? ¿Sí, es así, mamá? Noooooooo. Pues ya está, una por la mañana y otra por la tarde. ¿Por qué no se puede? AAAAAYYYYYYÑÑÑ. ¡Jooooooo, ¡no sé!! Jooooooooooooooooo. ¡¡No sé quién decir!!

Pues así la retahíla. Buena la he armado, con Don Sense and Sensibility.

Las lamentaciones han ido a más, sentía crecer el peso de la responsabilidad. He tenido que atajar: “Cariño, ¡no tienes que elegir tú! ¡Esa es una decisión que tomaré yo! Es por si una te había caído mejor que la otra, por si me dabas pistas, ya está”. “Pues las dos igual”, zanja.

Y ahora soy yo la que ando “Jooooooooooooooooo. ¡No sé cuál! ¿Qué hago?”


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