La condena de ser bebé y no saberlo

¿Qué pediríais si se os concediera un deseo? El que fuera. ¿Dinero a troche y moche? ¿Amor eterno? ¿Propiedades? ¿Dar la vuelta al mundo?
Yo lo tengo claro: Volver a ser bebé… Y ENTERARME.

Sí, lo malo de ser bebé es que luego no te acuerdas. Y que tengas esteticienne, fisio, cocinera, mayordomo… esclava, vaya, y no lo aprecies es un despropósito. Lo pensaba mientras le daba su masaje por todo el cuerpo después del baño. ¿¡Qué gozada tiene que ser eso?! Y lo malo es que él no sabe la gozada que es eso. Se cree que es lo normal. Ni eso, no cree nada.

niño

(Heme aquí quitándole una legaña. Es que ni eso se hace él).

Ahora vamos a la playa. Y la mejor forma de ir a la playa, équilicuá, es siendo un bebé. Su vida es la de un auténtico maharajá. Por eso él no se dedica a la tediosa tarea de aplicarse crema protectora, se la extienden con mimo por todo el cuerpo. No descubro nada si afirmo que lo del rebozado de arena es un incordio supino. Menos si eres bebé. Y que nada más salir del agua te quiten el bañador empapado, te sequen y te pongan otro limpito… ¡Eso es puro lujo!

niño

Se ocupan de sacudirte, limpiarte, masajearte… Es volver de la playa y El Cachorro va directo a la ducha donde es mojado, enjabonado y frotado con mimo y sin despeinarse. Luego hidratante por todo el cuerpo. Ropa planchadita y, hale, preparado para la vida moderna. Así se puede ir a la playa, a limpiar pescado o a extraer carbón de una mina.

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Por suerte el señorito se digna a recompensar mi abnegada dedicación no remunerada con una suculenta acaricia.

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