La ardua tarea de educar

En estos momentos los objetivos de máxima prioridad de mi hijo son: 1. Echar mano a la planta más bonita y destrozarla. 2. Coger el marco de fotos y desmontarlo y chuparlo y estamparlo contra el suelo.

Por tanto, mis cometidos ahora mismo son: 1. Intentar que la planta viva. 2. Interceptar al crío antes de que suceda cualquier catástrofe.

Llevamos la última media hora de esta guisa:

Nene gatea hasta el portarretratos, lo coge, yo salto de la silla, se lo quito, le grito «¡no!», él lloriquea, lo dejo lo suficientemente alejado y me vuelvo a sentar. El nene gatea de nuevo hasta el portarretratos. Cuando lo va a coger, yo salto de la silla, le digo «¿qué te he dicho, qué te he dicho?», lo cojo, se queja, lo vuelvo a colocar lejos y me vuelvo a sentar. Cuando levanto la vista del ordenador me lo encuentro estirando el brazo para coger el portarretratos, grito «¡pero bueno!», voy hacia él, lo intercepto, le pregunto qué parte del «no» no entiende y lo vuelvo a dejar. Oigo «raaasss» y cuando levanto la vista veo que ha ido hacia la planta que es coto privado y le ha arrancado otro trozo. Me levanto, le grito «¡no!», le hago tas tas en el culo, y lo alejo enfadada. Él llora y en cuanto salgo de su campo de visión, se calla. De nuevo lo veo dirigirse con determinación hacia el portarretratos. Digo en alto: «no será cierto», el nene me mira y sonríe y vuelve a estirar el brazo para cogerlo. Un «¡no!» y un lloriqueo después, decido colocarlo en la hamaquita y venir a desahogarme al blog.

Esto del «no» los perros lo pillan a la primera, vamos, no me fastidies.

Niño jugando

(Instante en el que El Cachorro, por quinta vez, alarga la mano para coger el portarretratos prohibido).


Deja un comentario *
* Tienes que pertenecer al Club Cosmo para poder hacer comentarios